10 errores que espero no volver a cometer con mi segunda hija i parte



Esta semana Adriana cumple dos meses. Un tiempo que me ha servido para darme cuenta de la cantidad de cosas que hice mal con Martina (4 años). Lo de ser primerizos se paga y da igual los consejos que te den que uno parece que no puede evitar ciertas cagadas; ya sea por miedo, ignorancia e incluso remordimiento. Tres cosas prácticamente desterradas en la crianza del segundo.

1.   Las visitas, en casa – Cuando di a luz a Martina mi habitación del hospital fue un ir y venir de amigos y familiares y la verdad es que no me importó en exceso hasta que me di cuenta de que luego casi nadie venía a casa, donde sientes una necesidad imperiosa de sociabilizarte. Así que esta vez, con Adriana, he tenido muchas menos visitas en el hospital y bastantes más en casa, donde realmente las he disfrutado.

2.   “¡Nos vamos a la calle!Esta frase no la pronuncié con Martina hasta que pasó más de una semana desde su nacimiento. Tenía miedo de que cogiera frío (nació en enero), de que me pidiera el pecho en la calle, de que llegara un tornado y se la llevara volando… En fin, miedos de primeriza. Con Adriana, a los tres días de nacer ya salí a dar mi primer paseo (nació en diciembre) y a los cinco, nos fuimos a comer a un restaurante cerca de casa. Y yo, ¡mucho más feliz!

Martina, cuando tenía un mes

Martina, cuando tenía un mes

 

Adriana, con un día

Adriana, con un día

 

 3.   Bendito ejercicio Tras el nacimiento de Martina me quedé ojiplática al comprobar cómo se había quedado mi pobre cuerpo. No estaba gorda, no, ¡estaba deformada! Caderotas, tripa, pecho, muslos, culo… El pack completo. Tardé un año entero en volver a mi ser. Claro que tampoco puse mucho de mi parte (ni ejercicio, ni dieta). Esta vez me estoy cuidando más: durante el embarazo practiqué aquafit durante tres meses y justo esta semana lo acabo de retomar. Gimnasia debajo del agua a ritmo de ACDC y rodeada de viejecitas. ¿Se puede pedir más?

 4.   Lactancia sin remordimientos – Siempre he tenido claro que quería dar el pecho. Con Martina lo hice durante cuatro meses y fue bastante infierno: el primer mes me dolía el pecho una barbaridad; tanto que me apunté a un taller de lactancia donde comprobé que yo era la más afortunada (las “heridas de guerra” del resto eran terribles). Las noches eran un horror porque la tomas se sucedían cada dos horas. “Esta niña no come; tapea”, decía mi padre. “Es que tienes muy poco pezón”, sugería mi madre. Yo no disfruté porque sinceramente no llegué a sentir ningún vínculo especial con mi hija; al contrario, incluso me enfadaba con la pobre por tirarse todo el día enganchada y sin parar de llorar. Y ahora, cuando lo miro con perspectiva, me siento orgullosa de haberle aportado anticuerpos, por lo menos durante 16 semanas, pero también me da rabia toda la presión que me generó. Cuatro años después, al salir del hospital con Adriana, ya tenía el pecho lleno de grietas. A los pocos días empecé a utilizar el sacaleches para ver si mi pecho se curaba (bendito purelán), pero no remontaba: cada vez que la ponía al pecho, me hacía polvo. Conclusión: sé que la leche materna es mucho mejor que la artificial pero si el darle el pecho me supone un sacrificio tan grande que me impide disfrutar de la maternidad, lo abandono. Y esta vez, sin remordimientos.

 5.   ¡Fuera cacharritos! Con Adriana no esterilizamos ni los biberones ni los chupetes (cierto que los preparamos con agua mineral, algo que quizás tampoco es necesario viviendo en Madrid), no utilizamos calienta-biberones, ni termómetro para el agua, ni ningún artilugio por el estilo. Definitivamente somos mucho más prácticos (y menos neuróticos).

laura Collage

 

COMENTARIOS

20

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  • María P
    03/02/15

    Gracias por hacer posts tan reconfortantes como éste. Yo me estoy preparando para el segundo, este año nos pondremos con ello, pero valen de mucho estos consejos. Con la primera estuve hasta los 10 meses dandole el pecho, pero tengo claro que si con el segundo no se puede o supone una molestia tal que no pueda disfrutar de la maternidad, pues no pasa nada.

  • Me encantan las fotos, pero aún más todos esos conocimientos que has acumulado desde tu primera experiencia como mamá hasta ahora. Yo sólo tengo una bichilla y sigo siendo muy primeriza, pero en lo que respecta a los cacharros, ya tengo bien clarito que no se necesita ni una ínfima parte de lo que se vende.

    • Laura
      10/02/15

      ¡Muchas gracias! Las fotos que llevan la marca de agua las ha hecho Eva Gascón (http://evagascon.com/), fotógrafa de partos y un encanto de persona. Je, je, je, si es que hay poca madre primeriza inteligente que pase del tema cacharritos. En mi lista de artilugios inútiles el primer lugar lo ocupa el calienta biberones. Nos lo llevamos una vez a un viaje a Alicante para usarlo en la habitación del hotel, en las tomas de madrugada, y fue un horror: tardaba 5 eternos minutos en calentarlo mientras Martina se desgallitaba, muerta de hambre. A partir de ese día, compramos un termo para guardar el agua caliente y muchísimo más eficaz.

  • Mi primogénito también nació en Enero y salimos lo justo para las revisiones porque nos coincidió todas esas ciclogénesis explosivas que hubo aquí en galicia y es que de verdad, no se podía ni andar por la calle. A lo tonto, para cuando llegaron mejores días ya habían pasado tres meses y medio. Ni oler la calle, vaya!

    • Laura
      10/02/15

      ¡Ay, pobre! Ya me imagino el tiempo por allí arriba (Michel, mi marido vivió en Santiago dos años y medio y cada vez que iba a verle siempre llovía, incluyendo agosto) y lo incómodo que debe de ser dar a luz en enero. A mí la luz y el cielo azul me dan la vida y si a eso le unes el que soy cero casera, ya te podrás imaginar el bajón que tenía en el posparto de Martina… Por eso, con Adriana, decidí que me iba a lanzar a la calle en cuanto mi cuerpo me lo permitiera y ¡mano de santo!

  • Me ha encantado el post, pero a la vez me ha llenado de miedo. Yo (excepto en la lactancia) he sido como mamá primeriza como tu con tu segunda hija. Cuando tenga otro lo mismo se me olvida en algún supermercado o algo de eso ;)

    • Laura
      10/02/15

      Je, je, je. ¡Pues mejor para ti, mujer! Así has podido disfrutar como Dios manda de tu hijo. Y seguro que él, tan feliz.

  • qué bonitas fotos!!!!! Pues 100% de acuerdo, y con el tercero, que cumplió también dos meses, ya no te quiero ni contar,ajajaja… Remordimientos cero con la lactancia aunque en esta tercera ocasión descubrimos por qué me dolió siempre (lo conté en un post, igual también es lo que te pasaba a tí y no lo sabías), aún así, he optado por lactancia mixta y punto, sin mayor problema… Y lo del cuerpo, yo engordé mucho en el primero y en el segundo y tercer embarazo me cuidé más, y da subidón salir del hospital medio decente,jaja

    • Laura
      10/02/15

      Ya con tres. ¡¡Qué valiente!! Leeré tu post sobre la lactancia que me tienes intrigada con tu problema. Sobre lo del cuerpo, yo creo que ahora, sorprendentemente, estoy mejor que cuando di a luz a Martina hace cuatro años. También es verdad que me estoy cuidando más; ya desde el propio embarazo, así que te entiendo perfectamente. Qué gozada oír a gente como tú pronunciar “lactancia mixta” sin complejos después de escuchar a tanta talibana de la leche materna.

  • Txiribita
    03/02/15

    Coincido tanto contigo! A mi me toca repetir maternidad en abril y tengo una niña de 14 meses, así que tengo la experiencia muy reciente. Lo bueno es que ahora ya sé lo que me funciona a mi y lo que no. Me da igual lo que digan los libros, los “expertos” y las abuelas. Esta vez quiero disfrutar desde el principio, fuera agobios! La experiencia es un grado, definitívamente!

    • Laura
      10/02/15

      Sí, sí, la experiencia nos da muchísima más confianza en nosotras mismas y nos quita eso tan incómodo y absolutamente inútil que son los remordimientos. Al final todas lo hacemos lo mejor que podemos y con tal de que nuestros hijos estén sanos y sean felices, tampoco pasa nada por no seguir las normas y los hábitos que dictan los expertos. ¡Enhorabuena y disfruta plenamente!

  • Silvia
    03/02/15

    Cuantas verdades y cuantas veces hemos hablado de esto, verdad? Me alegro mucho q estés disfrutando tanto de tu segunda maternidad, eres una valiente!

    • Laura
      10/02/15

      ¡Gracias, Silvi! No las tenía yo todas conmigo, pero me alegro muchísimo de haberme tirado a esta piscina de la doble maternidad porque, en lugar de ahogarme como yo pensaba, todo fluye (por ahora :) )

  • Con un segundo peque ya veo que la perspectiva es otra y vamos más seguros.
    Yo solo tengo una pero cuando venga un segundo tengo claro que hay cosas que no seran igual

    • Laura
      10/02/15

      Si te soy sincera, yo estaba asustada por la que se me vendría encima (Martina fue una niña un pelín guerrera), pero ahora veo que todo es mucho más fácil, que no tengo casi miedos y mi intuición es sabia (con el primero ésta estaba como atrofiada con tanto comentario y juicio externo).

  • Te doy toda la razón en todo. Yo también soy madre primeriza y si tengo otro hijo tengo claro lo qué haré y lo que no haré. Y eso de la lactancia te doy la razón, a mi también me supuso un drama y el no poder disfrutar lo que hubiese querido del peque durante las primeras semanas de vida. Si no me iba bien, sólo eran remordimientos.
    Un abrazo!

    • Laura
      18/02/15

      Es que yo creo que tenemos la lactancia mitificada; al menos, a mí me ocurrió. Yo estaba deseando dar el pecho y cuando vi lo que era (estar encadenada 24 horas al bebé, con grietas, durmiendo a trocitos y encima yendo a ciegas porque nunca te queda claro si come, cuánto come y si su llanto es de hambre o no…) me desesperé. Hay madres a las que se les da genial desde el principio, pero desgraciadamente no fue mi caso. La diferencia: con Martina me autopresioné yo misma y con Adriana he sido mucho más indulgente.

  • mamaruja24horas
    15/02/15

    Y qué verdad es! Yo tengo dos niños (Tate de 4 años y Coque de 18 meses) y, aunque ya con Tate tampoco pequé en exceso de “primeriza super-perdida”, con Coque ha sido totalmente diferente. Esa seguridad que te aporta la experiencia es fundamental. En mi caso: visitas al hospital, las justas; paseos, desde el primer día en casa; ponerse en movimiento, obligatorio, además el mayor también te necesita; lactancia más intuitiva y sin complejos (si todo va bien, bien, si no, no te condenes); y adiós chismes inútiles, ya sabes lo que en realidad hace falta.
    Ser primerizos se paga, pero por suerte, también se aprende.
    Preciosas fotos!

    • Laura
      18/02/15

      ¡Desde luego! La experiencia es un grado. De hecho, yo con Martina puedo decir que sufrí depresión postparto y con Adriana, no. Lo que tú dices de que tu hijo mayor te necesita también viene muy bien porque así no se te va la cabeza con angustias y depresiones… ¡Gracias!