10 errores que espero no volver a cometer con mi segunda hija (II parte)

 

En este post os adelantaba algunas de las cagadillas en las que espero no volver a incurrir con Adriana, tras mi experiencia con Martina. La verdad es que he de reconocer que esta segunda maternidad me está resultando mucho más fácil que la primera y no solo porque Adriana sea bastante más tranquila que su hermana mayor, sino porque he conseguido desprenderme de la losa de los remordimientos y los miedos y adentrarme en el mundo del pragmatismo sin complejos.

6. Mamá a la francesa. Como nos explica la norteamericana Pamela Druckerman (corresponsal en París de ‘The Wall Street Journal’ y madre de tres hijos) en su libro ‘Bringing up bébé’, los padres franceses “hacen la pausa”, es decir, no acuden enseguida a la cuna de su bebé en cuanto estos emiten algún ruido de protesta o lloro liviano. Y, por lo visto, luego los niños salen mucho más tranquilos, aunque ya sabemos que esto de las generalizaciones es bastante relativo.  Además, de esta manera, sea de día o de noche, acaban aprendiendo a calmarse por sí mismos. Con Martina digamos que yo era una mamá 100% española (al mínimo ruido ya estaba pegada a su cuna y realmente la mayoría de las veces me la encontraba durmiendo plácidamente) y con Adriana puedo decir que me he vuelto más parisina. Y funciona: yo no vivo en tensión continua como antes y Adriana está feliz.

7. Desempolvar los planes de pareja. Cuando tuvimos a Martina, Michel y yo nos centramos tanto en ella que de ser una pareja pasamos a convertirnos en “los padres de Martina”; todo giraba en torno a ella y, a largo plazo, esto pasa factura. Así que, con Adriana, estamos intentando reservar un tiempo exclusivo para nosotros; desde ver una serie juntos por la noche (algo aparentemente tan fácil es prácticamente misión imposible con dos niñas) hasta cenar fuera un viernes por la noche.

8. Aburrirse es bueno. Lo primero que hace Martina nada más salir del colegio es preguntarme “Mamá, ¿qué hacemos hoy?”. Lo mismo cuando iba a la guardería. ¿Y por qué? Porque desde pequeña la hemos acostumbrado a disfrutar de planes distintos todos los días (parque, hacer la compra, peluquería, casas de amigos e incluso al cine los miércoles). En contadas ocasiones nos vamos directas a casa y al final es un error porque el día que necesitas hacer cosas en casa o simplemente estás cansada, lo pagas. No siempre hay que hacer cosas divertidas, estimulantes y diferentes. Noooooo. Jugar en casa no tiene nada de malo e, incluso, aburrirse de vez en cuando, tampoco. Dicen que desarrolla su imaginación. Y me lo creo.

9. Fondo de armario prestado. Martina nunca repetía ni body ni pijama ni modelito de calle. Cada día iba de estreno, diurno y nocturno. Cuando empezó a ir a la guardería con diez meses y medio la vestía de Benetton por eso de que su algodón era muy bueno… Al año, me pasé al Primark y a H&M (cuestan la mitad y su materia prima también es muy buena). Ahora Adriana repite pijama y modelito y, además, el 98% de su fondo de armario es prestado (como en su día me deshice de la ropa de Martina me han tenido que volver a prestar todo). Resumiendo: ahora soy mucho más práctica en cuestiones de estética infantil.

10. Disciplina prusiana para dormir. A Martina la dormimos en brazos hasta que nuestras extremidades superiores ya no pudieron con su peso; luego pasamos a dormirla en la cuna, donde nos tirábamos una media de 40 minutos hasta conseguir que cayera rendida (le sujetábamos el chupete, le acariciábamos la cara, le cantábamos… Un show). Y sus horarios para ir a dormir eran un poco caóticos, así que con Adriana hemos aprendido la lección y ahora apunto en un cuaderno cuándo duerme y durante cuánto tiempo y mantengo unos horarios más o menos fijos: la baño entre nueve y media y diez de la noche para darle el biberón justo después,  hacerle unos mimos (ya está empezando a soltar risitas) y meterla en la cuna. Y la película cambia bastante: a mejor.

    • Pensamiento Divergente
      10/03/15

      Todo lo que comentas es normal y creo con seguridad que más o menos hemos incurrido todas.
      En mi caso te contaré ,que no regalé la ropa del primer niño,jaja,y ¡Menos mal! Porque el segundo fue chico. Es cierto que con el primero por todas las archiconocidas razones te esmeras más en la ropa ,pero luego te ds cuenta que deben ir cómodos para jugar ( cuando ya son grandecitos), y que además se manchan mucho para estar con esa tiranía de la ropa. El segundo trae mas normalidad y también que nos coge más cansadas . Ya no coges toda una colección a juego bordada de lo que sea ,jaja. Y el primer niño también se adapta a las nuevas rutinas ,y que tengan horarios para algunas cosas como el baño y el sueño es bueno ,dejando la improvisación para el juego . Se lo toma uno diferente ,para algo sirve la experiencia .¡Y le toca al segundo!no hay remedio . Yo que fui la tercera hija ,ya me crié sola,jaja.
      Esa Adriana en la foto transmite alegría y picardía a la vez, ¡Está preciosa! Como muy espabilada

        • Laura
          10/03/15

          ¡Muchas gracias! Sí, Adriana se pasa el día echando sonrisas; da gusto, la verdad. Yo reconozco que fui de pardilla el primer año de guardería de Martina. La metí con once meses y ¡tenías que ver su fondo de armario! No sé a dónde me pensaba yo que iba la criatura… Menos mal que luego aprendí la lección y me convertí en fan de Primark. Nosotros siempre hemos querido tener tres hijos, pero Martina fue tan terremoto que pensé que ya no tendría más, por eso di (o vendí) toda su ropa y toooodas sus cosas. ¡La vida, que es así de juguetona!

    • Quien diga que ver una serie en pareja después de parir por primera vez es fácil ¡que levante la mano! Yo sólo tengo una bichilla y la relación de pareja es la gran olvidada con esto de la maternidad. El día que conseguimos ver un capitulito corto ¡entramos en éxtasis! Lo de salir a cualquier sitio sin ella de momento lo hemos descartado por completo (me da cargo de conciencia, porque soy primeriza y tontorrona. ¡Verás cuando tenga otro más!).

        • Laura
          10/03/15

          ¡Me parto con tu comentario! Tienes toda la razón: ya teniendo solo uno es harto complicado ver algo decente en la tele sin que los párpados caigan como persianas a las diez de la noche. Nosotros con Martina salimos solos en tres ocasiones (una vez por año), pero con Adriana nuestro propósito es salir una vez al mes. Por ahora no lo hemos hecho porque solo tiene tres meses, pero ¡a ver si en verano ya nos animamos!

    • No puedo estar más de acuerdo con el punto 8, últimamente se intenta q los niños estén continuamente realizando actividades, jugando con ellos, y al final, se les sobreestimula!!!!! Yo ya con el primero era así, porque mis padres a nosotros nos dejaban aburrirnos de vez en cdo, mucha naturaleza y poco más!!! Y bueno, yo para lo de dormir soy super rutinaria, así es fácil q ellos identifiquem cuándo es de noche… y no me puedo quejar, los dos primeros ya dormían 12 horas seguidas alos 4 meses y el peque ahora, con tres meses, sólo hace una toma nocturna y no se despierta nada!
      Del fondo de armario, qué te voy a contar??? tres varones y los tres nacidos en otoño, aquí apenas se compra nada, jajaja
      Están divinas!

        • Laura
          13/03/15

          ¡¡12 horas seguidas a los cuatro meses!! ¿Dónde hay que firmar? Nuestras noches son un poco infernales, la verdad. En lugar de mejorar, han empeorado y ahora hace más tomas… Incomprensible, pero cierto. A ver si en la revisión de los cuatro meses, hablo con la pediatra. Por lo demás, todo me parece más fácil que con Martina, así que tú ya con tres me imagino que el tercero debe de ser “un paseo” :)