≡ Menu

“Los niños sacan lo mejor y lo peor de ti”. Esta frase se me quedó grabada el primer año de guardería de Martina, después de escuchársela a su profesora. En su día, pensé que la profe era un pelín exagerada, pero con el tiempo he comprobado que tenía más razón que un santo. Y precisamente os quiero hablar de esa “parte Mr. Hyde” que todas las madres tenemos adormecida y que, de vez en cuando, nuestros hijos despiertan, la mayoría de las veces de forma involuntaria.

1. Mantener una conversación: misión imposible. A Martina y Adriana parece que les han incrustado el cheep mina-conversaciones: cada vez que inicio una, o bien con Michel o bien con algún amig@, se desencadena un bombardeo incesante: “¿cuándo comemos?”, “Mamá, ¡mira lo que he pintado!”, “¿Puedo poner ya la tele?”, “¿y esto para qué sirve, mami?”. Adriana todavía es pequeña para entender que tiene que esperar a que terminemos de hablar, pero es que a Martina tampoco le entra en la cabeza, a pesar de mis mensajes subliminales (mirada asesina y señal de “cállate” con el dedo en los labios) y menos subliminales (“Martina, ¡espera a que terminemos de hablar!”). Me sonríe, se calla y al minuto, vuelta a la carga. ¿Le pongo un bozal o sería políticamente incorrecto?

Collage PicMonkey

2. ¡Viva el despelote! En la guardería de Adriana ya llevan unos meses trabajando el control de esfínteres, así que en casa andamos todo el día a cuestas con el orinal y los adaptadores de váter. Hasta aquí, todo bien. El problema es que ha descubierto el placer de andar medio en “bolillas” por casa, algo que practica en cuanto me descuido. Ya sabe quitarse la ropa (todo menos el body) y el pañal e incluso, a veces, ella solita también se calza las botas de agua, que le apasionan (aunque fuera haga 30 grados). Y aquí empiezan los problemas: alfombras, sofás, sábanas y todo lo que se le ponga por delante, manchados de pipí…. Miedito me da quitarle el pañal este verano, sobre todo si me acuerdo de cómo fue la operación pañal de Martina.

3. El don de vaciar. Además de la maña que tiene con el despelote, Adriana también es un as vaciando todo aquello que encuentra en su camino: cajones, cestas, bolsas, cajitas… Nada se le resiste. En casa tenemos un cuarto de juegos (también llamado “zulo” por sus dimensiones) que ya he desistido de ordenar en vista de que la organización duraba tan solo unas horas gracias a este don que tiene mi hija pequeña de volcar y desparramar por el suelo toda clase de enseres. Para mí lo peor es cuando empieza a sacar la ropa de los armarios y empieza a tirarla por el suelo (¡recién planchada!). Otro clásico es la caja de las gomas de pelo y las horquillas. La castigo al modo clásico (al baño con la luz apagada), ya que la charla aleccionadora obtiene cero resultados, y solo consigo que deje de hacerlo ese día, pero como si su pequeño cerebro sufriera alguna especie de Alzheimer, al día siguiente ataca de nuevo. ¿Charlita o de nuevo al baño?

4. ¡Fuera chupetes! Si calculara lo que nos hemos gastado en chupetes en los dos últimos años a lo mejor nos daba para costear unas buenas vacaciones. A Adriana le fascina ir tirando los chupetes allá donde va. Hemos llegado a encontrar chupetes dentro del humidificador, en el orinal, en cajas de puzles, en el cenicero que hay en la parte de atrás del coche…  ¡¿Por qué los tira si luego no puede vivir sin ellos?!

5. Mi casita de colores. Así es como tengo ahora mismo algunas de mis paredes, muebles, estores e incluso sofás. Todo muy colorido y naif. Genial si no fuera porque las artistas son Martina y Adriana. Su última obra maestra: un par de estores blancos, recién comprados. Está bien fomentar la creatividad en los niños, pero por Dios ¡que utilicen formatos más tradicionales para dar rienda suelta a su imaginación!

Adri

 

6. Una loca al volante. Esa soy yo cuando mis hijas deciden liarla parda en la parte de atrás. No hay tarde que no se peleen en el coche. Gritos, patadas e incluso mordiscos al aire (Adriana es la psicokiller). Ya he probado de todo para evitar estresarme: hablarles con voz sosegada en plan Dalai Lama. ¡Ni caso! Amenazarles con no ir al parque o algún plan chulo. ¡Ni caso! Ponerles alguna canción de Frozen o sucedáneo para captar su atención. ¡Ni caso! Subir la radio a todo meter para no escuchar sus gritos ¡Noooo! Al final mi coche se convierte en un manicomio con ruedas… Una vez llegué a parar el coche porque no podía seguir conduciendo así. Me bajé, estuve un rato respirando en plan tranqui y volví a entrar. Supongo que la estampa vista desde fuera era fina.

7. Parkour nocturno. Es espectacular ver a estos acróbatas urbanitas saltando tejados, coches, muros… Pues mis hijas practican la misma disciplina pero en casa: sofás, mesas, sillas, camas… Y lo “mejor” de todo es que les da por practicarlo de noche, normalmente después del baño; justo cuando mi energía está bajo mínimos y mi paciencia, también. Hay veces que estoy tan cansada que pienso “Paso, seguro que en un rato alguna se caerá y adiós parkour”, pero luego me entra un ataque de sensatez y lo freno en seco: “¡A la cama, ya!”. 

¿Os sentís identificad@s con algunas de ellas?

COMENTARIOS
2

Déjanos un comentario

  • silvana 23/05/17

    Hola! estoy totalmente identificada con tu historia, es que a mi me pasa que durante las tardes intento llevarles al parque para que jueguen con sus amiguitos y no estén todo el día con la tablet, pero en cuento llegan a casa ya están peleando por quien la tiene primero, tengo que ponerles normas y hacer pactos, cuando estamos en la mesa siempre me preguntan cosas, o quieren hablar ellos primero, el problema es que luego se me olvida lo que tenia que decir y así estamos, ya me resigné, así que he decidido que las cosas importantes las hablamos a las 22hrs, cuando están dormidos.

    • Laura 07/06/17

      Cuando me veo en una de estas situaciones que cuento en el post me animo pensando que es una etapa y que pasará. Así he vivido otras cosas que también me traían por la calle de la amargura y que han ido pasando (por ejemplo, las noches sin dormir de Martina). Con el tiempo, poco a poco, todo se va colocando en su sitio, así que ¡¡mucho ánimo, Silvana!!