7 Propósitos como madre para 2016

 

Sí, sí, lo sé, esto de los propósitos muchas veces acaba en papel mojado, pero yo no tiro la toalla y cada año me planteo algunos cambios. 2015 ha sido un año intenso, agotador y muy feliz. Martina está a punto de cumplir 5 años y Adriana acaba de cumplir uno. Y si algo he aprendido en este tiempo es que, aunque muchas veces diste bastante de ser la madre que me gustaría ser, no me voy a castigar por ello. Siempre se puede ser mejor madre (y mejor esposa, mejor amiga, mejor hija…). Pero nada de autoflagelarse. Ya lo decía Cecilia Roth en ‘Todo sobre mi madre’, parafraseando a Truman Capote: “Cuando Dios le entrega a uno un don, también le da un látigo, y el látigo es solo para autoflagelarse“. Se refería al don de los escritores; pues aquí, lo mismo, ¿o es que las madres no tenemos un don?

1. Mandar callar al móvil. Desde que monté mi empresa (clases de español a través de Skype), mantengo una relación amor-odio con el móvil: por un lado, le tengo que agradecer no tener que estar encadenada al ordenador para gestionar mi negocio; por otro lado, me crispa tener que estar tan pendiente de él. Estoy en el parque y el sonidito del Whastapp es constante (comparto un grupo con mis cuatro profesores); estoy comprando (con Martina encaramada al carro) y me saltan cuatro notificaciones de pagos de alumnos (lo que me obliga a escribir a sus respectivos profes) y así me paso el día, entre las niñas y el móvil. Así que a partir del jueves mi intención es ponerle límite. ¿Cómo? Lo pongo en modo avión durante dos-tres horas, lo vuelvo a encender para gestionar lo que sea necesario y, de nuevo, vuelvo a ponerlo en modo avión.

2. Defenestrar el “no” de mi vocabulario. A veces me escucho a mí misma hablando con Martina y me doy cuenta de que el dichoso “no” siempre está presente: “No corras”, “no grites a Adriana”, “no bailes mientras te visto”, “no te enfades”… No, no, no, no, no… ¡Qué agobio! ¿Y si pruebo a transformarlo todo al modo positivo? “Es mejor que vayas andando”, “intenta hablarle bajito a tu hermana”, “cuando te vista procura estarte quieta”, “vamos a pasarlo bien en vez de enfadarnos”. Parece una chorrada pero el lenguaje es más importante de lo que pensamos. Tanto “no” al final crea un poco de mal rollo, no solo a Martina en este caso, sino también a mí misma. Así que a partir de ahora, intentaré usarlo lo justo y necesario.

3. Cocinar más y mejor. Hace ocho años, Michel me regaló un curso de cocina que me encantó. Pero luego no supe sacarle todo el  jugo que debía porque no fui constante. Hace tres, la Thermomix entró en nuestras vidas y ahí se acabó todo. Me explico: Para mí, es una máquina maravillosa. Gracias a ella, hemos ampliado nuestro menú semanal, sorprendo a nuestros invitados con cosas riquísimas que no me cuesta nada hacer, los purés de Adriana los hago con la gorra y, además, mancho tres veces menos que antes. Hasta aquí, genial. El problema es que de tanto usarla he olvidado cómo se cocina sin ella. Triste, pero cierto. Así que mi propósito para 2016 es continuar usándola pero complementándola con recetas cocinadas según el modo tradicional.

4. ¡Más música, por favor! Siempre me ha encantado la música. Digamos que me gusta todo menos el house y la música electrónica. Y no sé muy bien por qué desde que nació Martina es otro de los hobbies que, poco a poco, ha ido desapareciendo. En el coche hemos pasado de los Cantajuegos a Frozen y en casa también he tirado la toalla porque entre los gritos y lloros de Adriana y los dibujos de Martina (si un día me dieran permiso para asesinar a alguien, yo lo tengo clarísimo: ¡¡a Bob Esponja!!) parece que nunca es el momento de poner música. ¡Pues se acabó! Este lunes me descargué de nuevo Spotify y ya me he creado ocho listas de reproducción que pienso poner tanto en el salón como en sus cuartos (con el Ipad). La música me alegra el alma, en serio. Me motiva cuando estoy de bajón; me calma cuando estoy a punto de asaltar la caja de Lexatin; y me pone las pilas cuando me dan ganas de dimitir de este “trabajo”. Mi última adquisición: La banda sonora de ‘La gran belleza’ (el CD 1 es de 10).

5. No abusar de las amenazas. Como hace años me dijo la primera profe que Martina tuvo en la guardería, “Los niños sacan lo mejor y lo peor de ti”. ¡Qué razón tenía! Sobre todo al final del día, cuando ya estoy entrando en estado comatoso, empiezo a escupir amenazas de los más estúpidas: ¡Cómo no acabes de cenar en 5 minutos te quedas sin postre! ¡Pero si el postre es fruta! En vez de un castigo, sería un regalo. Pero es que lo de las amenazas es bastante tentador porque, al menos a mí, me funciona. Pero claro, tampoco puedes estar todo el día en este plan. Si me viera el Dr. Álvaro Bilbao se echaría a temblar… 

6. Series, series y más series. Ya que lo de ir al cine se ha convertido en una operación harto complicada de llevar a cabo con la asiduidad que nos gustaría, hemos aceptado semi aparcar este hobby (al igual que la lectura) hasta que las niñas sean un poco más mayores. Por cierto, la última que hemos visto, ‘Un día perfecto”, nos gustó mucho. Eso sí, a la series no renunciamos y para 2016 ya tenemos unas cuantas en mente, después de haber disfrutado como enanos viendo ‘Mad Men’, ‘House of Cards’, ‘Rectify’, ‘True Detective’, ‘Mr. Robot’ o ‘Fargo’. Os recomiendo este artículo del marido de Cruz.

7. Poner freno al modo multitarea. Hay una filósofa francesa, Simone Weil, que lo explica muy bien en uno de sus libros que no me acuerdo cómo se llama: “La atención es el único camino que tenemos para vivir intensamente. En la medida en la que estamos atentos a la realidad, vives”. El problema es que nuestra sociedad está montada de tal manera que nos es casi imposible estar atentos. Tenemos tantas cosas, tanta gente a nuestro alrededor, tantas actividades que hacer que acabamos dispersándonos. Y encima todo sucede muy rápido. En lugar de ‘Ordóñez’ mi apellido debería ser ‘Multitarea’. Y no creo que sea la única. Para mí hacer una sola cosa a la vez es un lujo; me parece que estoy desperdiciando el tiempo. Mientras desayuno, voy leyendo los mails que aterrizan en mi  bandeja de entrada. Mientras cocino, voy bañando a Adriana y poniendo el pijama a Martina. Mientras estiro (hay una máquina fabulosa en mi gimnasio para estirar las piernas) aprovecho para llamar a mi madre (así por la noche ya no tengo que hacerlo). Mientras voy al colegio, hago varias llamadas con el manos libres. ¡Basta!

Si de estos siete propósitos consigo llevar a cabo tres o cuarto ¡me conformo! Ya os digo que lo de autoflagerlarse no es lo mío.

¡¡Os deseo a todos un 2016 lleno de cosas bonitas!!

    • Daniela Moreno Alarcón
      30/12/15

      Hola!!! Lo que me queda!!! pues yo me conformo con dormir y leer un poquito jejejejjejeje Feliz 2016!!!!

        • Laura
          05/01/16

          je, je, je. Martina cumple 5 dentro de 11 días y yo ni duermo bien (por Adriana) ni leo na de na, pero vamos, que es algo temporal, claro. Espero conseguirlo ¡cuando lleguen a la adolescencia! :)

    • Eva G
      31/12/15

      Me encantaño tus propósitos y ya te digo que me puedo enganchar a unos cuantos….veremos lo q nos depara el 2016. De momento a concentrarse para entrar con el.pie derecho

        • Laura
          05/01/16

          Pues tú has entrado en 2016, no con buen pie, sino con buena pierna, muslo y de todo porque te estás saliendo con tu curso de fotografía (http://www.descubriendomicamara.es/). A este paso, ¡¡lleno total!!

    • Adriana
      07/01/16

      Me ha encantado este post! Coincido contigo en muchos de los propósitos para este año y tengo uno en especial que me persigue desde que vi un anuncio (no recuerdo de qué empresa) donde unos niños escribían una carta a los Reyes Magos y les pedían que sus papás jugaran mas con ellos. Resulta muy difícil frenar y dedicar un ratito a esto que parece una pequeñez al lado de tantas y tantas obligaciones, pero me he dado cuenta de lo importante que es para ellos el poder compartir sus momentos de juegos con aquellos que más quieren, así que este año será mi propósito estrella :)

        • Laura
          10/01/16

          ¡¡Sí!! El anuncio es de Ikea, se llama “La otra carta”. Muy bueno. Tienes toda la razón. Para ellos esto es super importante; lo valoran muchísimo y al final esos serán muchos de los recuerdos que se les quedarán grabados cuando sean más mayores: la tarde en que hicieron galletas como mamá o el domingo en el que montaron en bici con papá… Yo, al menos ese propósito, ya lo puedo borrar de mi lista porque lo hago prácticamente todas las tardes :) ¡Un beso!