Cagadillas (y ñoñeces) de primeriza – I parte

 

Con el paso del tiempo he desarrollado una capacidad muy curiosa: descubrir quién pertenece a nuestra secta de madres primerizas.Incluso en ocasiones me cruzo alguna mirada cómplice con alguna de estas “miembras”, sobre todo si la susodicha o yo misma está incurriendo en alguna cagada típica de nuestra subespecie. ¿Quieren que les ayude a identificarlas? Pues ahí va un decálogo que les ayudará:

CAGADA Nº 1 – Vestir como antes. Todavía sigo viendo a alguna osada madre que se atreve a utilizar tacones. Yo, desde luego, ya he tirado la toalla (y los únicos que utilizaba eran de cuña). Ahora lo que toca es la bailarina de toda la vida, la bota plana o las deportivas si no quiero hacer el ridículo perdiendo el equilibrio cuando a Martina le dé por hacer un giro de 360º en mis brazos. ¿Y qué me dicen de las que llevan pendientes largos y collares? O tienen unos bebés la mar de considerados («Ay, no, con esto no juego que es un complemento súper trendy de mamá») o son de las que piensan que antes muertas que sencillas. Las admiro. Y, por supuesto, prohibidos los pantalones de cintura baja porque ¿adivinan que queda al descubierto cuando una se agacha para coger a la criatura del suelo?

CAGADA Nº 2 – Elegir el trío (cuco-maxi cosi-silla de paseo) equivocado. Nos fijamos en todo menos en lo que importa… «Me gusta porque parece súper ergonómico, el diseño es chulísimo, ¡y fíjate qué colores!». Y a las dos semanas te estás cagando en todo porque el coche pesa una tonelada y te ocupa todo el maletero, no tiene bandeja inferior para guardar cosas (¡cuántas veces he venido del súper en plan sherpa!) y, además, se mancha con mirarlo. Por eso, he aprendido a desconfiar de la palabra “ergonómico” (en nuestra secta equivale a “diseño ultramoderno por el que te vamos a crujir la cartera”).

CAGADA Nº 3 – Almacenar toda clase de utensilios de dudosa utilidad. Desde el quitagrumos (para que los biberones de cereales salgan espumositos), pasando por el calientabiberones (cuando comprobé que tardaba 5 larguísimos minutos en calentar el agua, con los berridos de Martina de fondo, lo defenestré en un armario) hasta el termómetro de bañera (sustituido al segundo día por el socorrido codo). En este apartado tengo que hacer una excepción y rendir un sentido homenaje a un producto estrella: la cuchara dispensadora. ¿Que qué es esto? Pues una cucharita muy apañada en la que metes el puré, la papilla o el yogur y, tras introducirla en la boquita de la criatura, vas presionando para que salga la comida. Práctica, sencilla y limpia. Es de la marca norteamericana Boon (www.booninc.com) y cuesta unos 10 euros. Para mí, un 10 sobre 10.

CAGADA Nº 4 – Vestir a la criatura con ropa no apta para conseguir un aprobadillo raspado en la dificilísima tarea de cambiarle de pañal. ¿Por qué nos empeñamos en comprar bodies cerrados y pijamas con ristras de corchetes?, ¿Por qué picamos y adquirimos chaquetitas de punto (de esas que les encantan a las abuelas) con ojales y botones que parecen en guerra permanente? ¿Por qué nos pirramos por los dichosos leotardos?

CAGADA Nº 5 – Exprimir la sabiduría popular de Internet hasta límites insospechados. Que el niño respira mal, te lanzas como una loca sobre Google para ver qué clase de humidificador puedes comprarle; que le salen mechones de pelo en sitios extraños, de nuevo en Google para descartar que puedas estar criando a baby wolf; que su caja de leche de fórmula ha caducado pero su olor (y su alto precio) te hacen dudar entre tirarla o no, investigas en foros de madres a ver si alguien ha sido capaz de reconocerlo en público. Y muchos os preguntaréis ¿y esto por qué es una cagada? Muy sencillo: porque tanta información equivale a desinformación y una ya no sabe de quién fiarse entre tanta web, Facebook, Twitter y blogs…

Continuará…

 

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