Cómo conocí al padre (y a la madre) de Noñoño

 

“Las casualidades no existen”, dice uno de los protagonistas de “Person of Interest,” una de las series de TV que sigo. Pues ahora os voy a contar una, aunque sea por llevar la contraria.

Hace un par de semanas recibí una llamada en la oficina. No entendí bien a la recepcionista el nombre de la persona, algo a lo que estoy acostumbrada porque la pobre tiene que pasarnos llamadas de gente que trabaja en empresas que se buscan unos nombrecitos en inglés que no hay quien los entienda. Total, que mi interlocutor también tenía un nombre raro, raro, raro y yo tampoco lo entendí cuando se presentó al principio. Me llamaba porque su agencia había hecho una campaña muy chula y quería confirmar que había recibido la información con envío incluido (una botella de gaseosa y unos Aspitos). Nota: lo de los Aspitos tendría que haberme dado una pista.

Durante la conversación, que se centró en la campaña en concreto y el comercio electrónico en general, me comentó que él había lanzado una marca de ropa y que sabía por experiencia cómo está el tema en España. Error por mi parte: no le pregunté el nombre de la marca. Al despedirnos, quedó en mandarme imágenes por email, me apunté su nombre (el raro, raro, raro).

Pues andaba yo navegando por la red esa misma  tarde, del Twitter al Facebook, y me encontré con su nombre en un comentario en una página de una marca que ambos seguimos en esta red social. “Anda, el tío con el que he hablado esta mañana. Qué raro, ¿qué hace un tío hablando de chupetes?”. Al pinchar en su perfil, ¡zas en toda la boca!: es el fundador de Noñoño.

Y ahora al grano. Noñoño es una marca de ropa infantil de la que soy fan desde antes de estar embarazada. Me ha molado desde el primer momento en que la vi. Como consumidora y como reportera dicharachera que lleva años escribiendo de marcas, posicionamientos, estrategias y demás palabrerías del sector. Me parece que tiene todos los ingredientes para ser un éxito. Al día siguiente lo desenmascaré por mail y los dos flipamos por la coincidencia internetera.

El caso es que decidimos conocernos y llevarnos a nuestras medias naranjas a la reunión: Annick, su chica y también fundadora de la marca y Laura, mi amiga y compañera de blog. Quedamos en su showroom y nos contaron la historia de Noñoño. Ata, así se llama él (de Ataúlfo), es un creativo publicitario, que deja su sello tanto en las creaciones como en la estrategia de marketing de la marca. Aniick es la encargada de los diseños, los colores, de cómo son las prendas, vamos. El claim lo dice todo: “la ropa que escogerían los bebés… si pudieran”.

Calidad, comodidad y sentido del humor son las señas de identidad de una colección que podéis ver en su tienda online y cada vez más en tiendas físicas.  Para aquellos que no os atrevéis a comprar por internet sin haber tenido en vuestras manos el producto, os puedo decir que tiene un algodón de muy buena calidad (fabricado en Portugal, en España ya no hay fábricas, nos contaron) y que sus cestas de recién nacido son una chulada (siempre que sea para un bebé noñoño).

Además, ahora han publicado un libro divertídisimo, “Cómo tener un bebé y no volverse unos cursis”, muy en su línea. Se trata de una guía con consejos con sentido común y mucho humor para padres primerizos. Se puede comprar desde su tienda online.

Por la parte que me toca, doble por cierto, como madre y bloguera, me he tomado muy a pecho sus recomendaciones para no hacer un blog ñoño, una tendencia a la que las madres 2.0 nos hemos apuntado desaforadamente. ¿Habremos superado la prueba?

Las autoras del blog, en el centro, con los creadores de Noñoño, en su showroom

PD. Ya tenemos cuenta de Twitter: @entremadresblog

 

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