Dulces y vigilados sueños

 

Darío llegó a este mundo en plena crisis, en un momento laboral y económico delicado: madre era autónoma y padre estaba en una empresa en quiebra… Por suerte no sufrimos demasiadas estrecheces, pero sí fuimos muy cautos a la hora de gastar. Mirando hacia atrás, lo que en su momento me pareció un poco agobiante, ahora creo que fue una bendición, porque cuando una se mete de lleno en el mundo “bebé”, hay tantas cosas bonitas y “apañadas”, que es fácil volverse loca.

Esta situación económica, unida a mi aversión por los centros comerciales, hizo que nos perdiéramos también cosas que, vistas en perspectiva, podían haber sido útiles. Mi amiga Laura (y compañera de blog) me descubrió, por ejemplo, el biberón cuchara, invento sin igual para ir al parque cuando son bebés y llevarse la merienda, y que en las tiendas de mi barrio, pues no “se estilaba.”

Otro de estos inventos útiles, del que sabía de su existencia pero nunca me decidí, fue el vigilabebés. Vivo en una casa de 70 metros cuadrados, de esas que por no llamarlas pequeñas, las defines como “coquetas”, con el tamaño como para que si Darío respiraba un poco fuerte su habitación, lo oyéramos nítidamente hasta con la tele encendida en el salón. Con esta lógica en mente nunca le vi el sentido a tener un aparato que me amplificara el sonido que yo ya escuchaba.

El caso es que hace poco más de un mes nos fuimos de excursión familiar al Monasterio de Piedra con la “familia extendida”, que cuando es la mía somos mi hermana y yo, pero cuando es la de mi chico, nos juntamos mínimo una docena, y nos alojamos en una casa rural de la zona. En total éramos 4 parejas, un soltero y 5 niños, dos de ellos bebés, de esos a los que todavía decides tú a qué hora se van a dormir.

La casa tenía dos plantas y decidimos mandar a las familias con bebés a la planta de arriba para que estuvieran más tranquilas (ya que el salón donde nos juntaríamos estaba abajo), y… ¿para qué engañarnos? Para que cuando se despertaran sus respectivos bebés por la noche sólo molestaran a sus padres… (que nosotros eso ya lo hemos vivido y no tenemos necesidad de repetir). El caso es que, esta división, que parecía ideal, de repente parecía imposible. ¿Cómo iban a subir a los bebés a dormir a las 8 de la tarde y quedarnos nosotros abajo cenando y de charla? ¿Y si lloraban? ¿Y si se despertaban? Y he aquí que mi cuñada y su prima (madres de  las criaturas potencialmente lloronas), aparecen ambas dos, “armadas” con un par de vigilabebés super modernos, que me río yo de la tecnología de la NASA y el problema estaba resuelto. Instalamos los aparatos en una estantería y nos pusimos a cenar, a charlar, y a lo que se terció… Más allá de la tranquilidad de saber que si el peque se despierta le vas a oír, también supuso que el resto pudiéramos charlar con tranquilidad, sin miedo a despertarles.

El caso es que indagando un poco sobre estos mágicos aparatitos (facilitadores, como veis de fiestas nocturnas), he llegado a la tienda online de Alcatel, que parece ser que vende muchas más cosas que teléfonos donde nos han invitado a conocer su gama “Baby Link” con tantos modelos como necesidades. El modelo más básico y económico, el Baby Link 200, y que se parece más a la idea que yo tenía en la cabeza de este tipo de aparatos (una especie de walkie talkie), cuesta menos de 40 euros, pero es que según avanzamos en modelos (Baby Link 250, 290 o 700) los van añadiendo elementos como: cámara, luz nocturna, alertas de temperatura, música, posibilidad de hablarle al bebé para tranquilizarle a distancia, e incluso un modo de “silencio parcial” para que sólo emita los sonidos más fuertes y no escuchar todo ruidito o respiración que genere el pequeño. Si estáis pensando en compraros uno de estos aparatos, o en hacer un regalo, daros prisa porque hay un par de modelos rebajados (un 30%!!). También podéis haceros fans de su página de Facebook para estar al día de las últimas novedades, no perderse las ofertas y participar en sorteos.

    • María José
      14/06/16

      Me parece un invento estupendo, sobre todo cuando tienes visitas en casa y quieres conversar o echar una partida tranquilamente sin estar cada dos por tres preocupada por si se ha despertado el peque.

      La verdad es que yo lo encuentro muy muy útil, sobre todo cuando hay reuniones familiares, pero también por las noches cuando te pones una peli para verla con papá la mar de relajada y sabiendo que el peque duerme plácidamente :)

    • Marina Ortiz
      16/06/16

      Pues yo, como contáis, no le veía mucho la utilidad, pero me regalaron uno, y aunque mi peque tiene ya 4 años seguimos usándolo, sobre todo cuando nos vamos de viaje

    • Cruz
      16/06/16

      Fueron una de las cosas que me regalaron antes de que naciera Olivia. En casa no los usé mucho porque tampoco es muy grande, pero en las vacaciones de ese verano sí los llevé y me vino fenomenal, porque la casa ya era bastante más grande.

    • María
      17/06/16

      Da mucha tranquilidad tener uno de estos aparatos, pues una vive mas tranquila. Yo en mis dos hijos los he utilizado y fantastico.

    • Ana Lucas
      19/06/16

      yo lo he probado cuando me he quedado con mi sobrino, como no estoy acostumbrada a tener un bebé en casa, me agobiaba pensar que por la noche iba a empezar a llorar y no le oiría, y eso siempre me hacía un poco remolona a la hora de quedármelo, pero claro, no pain no gain, y si no se queda a dormir en mi casa, me pierdo lo divertido que es estar con él desde que se despierta y lo que nos une tener este rato juntos, así que la solución ha venido con el baby link, yo duermo tranquila y por la mañana he recargado pilas para estar a la altura de un bebe recien levantado!