El año que Olivia cambió mi vida

 

30 de abril de 2011. Diez días después de salir de cuentas, pude abrazar por primera vez a mi hija.Olivia pesó tres kilos y en cuanto me la pusieron encima rompí a llorar. Eran las nueve menos diez de la noche y toda la tensión y la emoción del día se convirtieron en lágrimas de alegría. Hoy hace un año de la experiencia más emocionante de toda mi vida y me gustaría pensar que un día Olivia leerá estas líneas para comprender todo el amor que siento por ella.

Los primeros días no podía dejar de mirarla, contemplar cada parte de su cuerpecito, sus múltiples pliegues, su color sonrosado, sus uñitas afiladas. Muchas veces se me saltaban las lágrimas con solo mirarla. Recuerdo lo bajito que ella lloraba. Su padre y yo nos reíamos diciendo que de momento los vecinos no se podían quejar porque venía con el volumen al mínimo.

La llamábamos de varias maneras.

Olivia Anouska, por una confusión en un mail que mandó su padre con sus primeras fotos en las que puso en el asunto el nombre de la fotógrafa además del suyo. La gente se pensaba que habíamos pensado ponerla dos nombres.

Houdini. Porque era capaz de salirse de los peleles que le poníamos.

Gorditi. En cuanto cogió kilos y le salieron los michelines y en honor a los famosos Gormittis.

Olivia Preziosi. Por la marca de juguetes, Giochi Preziosi, que tiene un jingle muy pegadizo y porque ella es preciosa.

Durante mi baja maternal, pude aprovechar el buen tiempo y hacer varios viajes con ella. Almería, Asturias, Málaga y Fuerteventura fueron nuestros destinos. En Almería frecuentó los chiringuitos metida en su minicuna (sí, sí, nada de capazo, que nos lo habíamos dejado en Madrid y la niña en el maxicosi no se dormía). En Asturias nos integramos en la vida de Llanes como si fuéramos de allí y sobrevivimos a una epidemia de gastroenteritis que dejó diezmada al resto de la familia con la que fuimos. En Málaga, visitó su primer museo, el Carmen Thyssen, del que salí entusiasmada al descubrir algunos pintores españoles que no conocía. Su primer viaje en avión fue destino Fuerteventura, donde la bañamos por primera vez en una piscina, aunque no pareció hacerle mucha gracia.

El resto del tiempo lo pasamos en Madrid, con muchas visitas. Sus abuelos y sus tías abuelas eran los asiduos. Una vez a la semana quedábamos con Laura, mi compi del blog, y Martina. Laura es la mujer más preparada del mundo. Si te falta algo porque se te ha olvidado, ella lo saca de una de sus múltiples bolsas, cajitas o neceseres que lleva encima. Por si acaso. Y todo superordenado. Ella me dio muchos consejos (me saca tres meses y medio de experiencia de madre primeriza y eso se nota) y así nos hacíamos compañía en los largos días en los que eres Mamá al 100%.

En los primeros meses, metí la pata varias veces. Lo de darle biberón con la tapa interna puesta era bastante habitual. ¡Pobrecita mía! Y no se quejaba. La llevé varios meses en el capazo… sin colchón; esterilizamos los biberones en un esterilizador que previamente no habíamos limpiado… una serie de cagadillas, que como contaba Laura en un post de hace unos meses, cometemos todas las primerizas.

Llegó octubre y comencé a trabajar. Tengo la suerte de contar con una madre fabulosa, que se acaba de jubilar, y para la que cuidar de su nieta es una felicidad inmensa. Así que Olivia es una niña feliz, que no tiene que madrugar y se levanta a la hora que quiere. Mi madre la saca de paseo unas dos horas, en las que se vuelve a quedar dormida. A la hora de la comida ya llega su padre y un poco más tarde yo. Le damos de comer y, por la tarde, salimos con alguna amiga o con mis tías y mi madre a merendar por ahí. Reconozco que soy muy poco casera, así que si no hace un frío que pela o está lloviendo a cántaros, la monto en el coche y nos vamos a pasar la tarde fuera.

Los fines de semana también la hemos llevado a planes para bebés, desde teatros hasta cuentacuentos. Nos falta algún concierto, pero ya caerá. Y en cuanto tenga unos meses más estoy deseando llevarla a talleres de manualidades y cocina, que se haga una fan del washi tape y de las cupcakes. Una trendybaby, vamos.

Ahora no para de gatear y se recorre toda la casa a gran velocidad. Le encanta sacar todos los cds y dvds de las estanterías, jugar con el iPad y ver Pocoyó. Dice solo “mamá”, pero cada vez que lo dice me derrito, aunque ella se refiera a veces a mí y otras al chupete. Cada monería nueva nos la contamos como si fuera la gran noticia del año, pero es que verla crecer y aprender cosas nuevas es lo más maravilloso que he sentido nunca. Lo confieso: estoy enamorada de ella.

 

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