El arte de comer (sin tirarse de los pelos)

 

Las comidas de Martina son una odisea. Ella es tan resuelta que ya no me permite que la dé de comer y las consecuencias a la vista están: la mesa acaba como un cuadro de Miró, el parqué se llena de agua, una capilla pegajosa de color indefinido se apodera de la trona y, lo peor de todo, es que de las 10 cucharadas que llena solo 4 consiguen su destino final. Pero “ella experimenta”, como me dicen en la guardería, así que se supone que vamos por buen camino…

Todos los días, sobre las 20.30, empiezo a preparar el escenario de la batalla: la trona la coloco al lado de la mesa del salón (dicen que si los niños se sienten parte de un momento familiar, como la cena, están más a gusto y comen mejor), y la batería de utensilios que necesito: cubiertos, plato, vaso y un macro rollo de papel de cocina (los juguetes están prohibidos por prescripción de las educadoras de la guardería). A las 20.35 comienzo a prepararle la cena y en unos minutos ya estamos los tres sentados a la mesa (los primeros días cenábamos con ella, pero últimamente las meriendas veraniegas se han impuesto, así que ahora nos limitamos a actuar).

Mi repertorio de comidas es bastante limitado (pasta, carne, pescado, lentejas, tortilla francesa, arroz con tomate y purés variados), así que, de vez en cuando, tiro de las croquetas de mi madre y de algún otro tupper que consigo arañar en nuestras visitas de fin de semana a casa de mis padres. Para ayudarme a confeccionar los menús (no quiero risas en la platea)consulto www.pequerecetas.com, pero al final mi listado continúa igual de pobre porque muchas de sus recetas se me antojan demasiado sofisticadas para una niña de 16 meses (pollo al chilindrón, ensalada de quinoa, hamburguesas de pescado…). Llamadme primitiva, pero yo no me veo haciendo estos platos…Eso sí, a lo que le he cogido mucha maña es al tema congelador. Me encanta verlo repleto de liliputienses tuppers de colores. Me da como tranquilidad, fíjate, tú.

Hasta ahora, nuestro blog nunca había servido de nido para el product placement (eso de lo que tanto abusaban en “El show de Truman”) y la verdad es que hemos tenido unas ofertas tentadoras (¡para nuestra sorpresa!), pero en este post sí quiero hablar de una marca inglesa a la que le tenemos especial cariño porque desde que Martina era pequeña vengo usando cosas de ellos (primero fueron los biberones que imitan la forma del pecho materno y ahora, sus vajillas para los primeros sólidos).

Tommee Tippee (www.tommeetippee.es) diseña accesorios para bebés la mar de prácticos y si no, echad un vistazo a la foto de arriba y veréis qué cosas más chulis inventa esta gente. Mi favorito es el plato dividido en tres secciones. Lo puedes meter en el microondas (siempre que no exceda un tiempo prudencial) y también, en el lavavajillas (en la bandeja superior). También muy recomendable el vaso con pajita (Vaso active straw para los puestos en la materia) porque, esta vez sí, cumple lo que prometen en su envoltorio: que no se vuelca ni una sola gota de agua (no como los dos anteriores que compré). Y ninguno de sus utensilios, de diseño muy fashion, por cierto, contiene BPA.

¿Y qué es esto del BPA que se escucha tanto? Pues muy sencillo: el BPA (Bisfenol A) es una de las cincuenta sustancias químicas más producidas en el mundo. Se utiliza para la fabricación de muchos objetos del hogar, como jarras de plástico, equipos deportivos, revestimientos de latas de comida y…biberones. Desde 2009 diferentes grupos ecologistas han expresado su preocupación porque el BPA de los biberones pueda pasar del plástico a la leche bajo determinadas condiciones de calentamiento o cuando se rompen o se rayan, lo que podría dañar la salud de los bebés. Así que el BPA, caca.

Es cierto que las comidas de Martina continúan siendo un reto para mí porque cada día me enfrento a ellas con el propósito de no alterarme y de transmitir incluso cierta despreocupación (a ver si con eso de las neuronas espejo la niña me imita y también se relaja y come), pero reconozco que ni el mantra que la pediatra me repite cada vez que hay revisión (“estimula su independencia”) ni los truquillos que he encontrado por Internet me sirven, así que si alguien tiene algún consejo… ¡Que lo comparta con esta drama-mamá!

 

 

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