El día que Martina se cagó en Zara

A finales de octubre, después de escuchar a una amiga asegurar que su hijo había tardado dos semanas en controlar su esfínter, me lancé a la aventura de quitarle el pañal a Martina. Y, por fin, después de seis semanas, empezamos a ver resultados. Pero el camino hasta llegar aquí ha sido… digamos que entretenido.

La peor situación que recuerdo me pilló en un Zara. Yo estaba intentado dar con esa prenda mágica que todas sabemos que existe (te tapa lo que no quieres enseñar y te realza lo que aún tienes de bonito) cuando me percato de que Martina ya lleva un minuto escondida debajo de un perchero de ropa. Me agacho y le digo que salga. Solo me hizo falta unos segundos para saber que se había cagado encima. Nooooooooo. Lo peor es que ese día la pobre no debía de tener la tripa muy bien porque la súper caca se le había bajado por una pierna hasta caer en el suelo. ¡El suelo de Zara! Mi primera reacción: mirar alrededor a ver si alguien también se había percatado de este momento escatológico-vergonzoso.

Después de comprobar que, hasta el momento, no habíamos sido descubiertas, me lanzo como una loca a por su mochila para limpiar el suelo a la velocidad de la luz, intentando no manchar las mangas de las camisas de Zara que se encontraban a escasos centímetros del “regalito” de Martina. Por supuesto, a Martina no se le ocurre otra cosa que salir de su escondite y pasearse por la tienda como si no hubiera ocurrido nada. Yo seguía agachada, intentando borrar las huellas del delito. El paseo de Martina con el pantalón cagado hasta los tobillos no hace sino atraer las miradas de los presentes que, afortunadamente, no son recriminatorias. Empiezo a perseguirla para llevármela al baño más cercano pero ella no parece por la labor, así que hago lo que cualquier madre en su sano juicio hace en estos casos: llamar a su propia madre (sobre todo si se encuentra en el mismo centro comercial que tú). Da señal, pero no lo coge. Ainsss.

Por fin, una señora se apiada de mí y le dice a Martina que haga caso a su mamá. Sorprendentemente, ella obedece. Después de recorrer un pasillo que me parece kilométrico nos topamos con un cochecito de esos que se mueve si le echas una moneda. Pues allá que va directa. Evidentemente, también mancha el asiento del coche y esta vez la mirada de la abuela que está a punto de subir a su nieta no es tan indulgente. Durante todo este penoso proceso mi vocecilla interna me repite cual mantra “tranquila, tú sabes gestionar estas situaciones, no te alteres”. Pues la vocecilla debió de quedarse afónica porque de repente dejé de oírla. “¡¡¡¡Martina, baja de ahí ahora mismo!!!”. Dicho y hecho. Como un rayo se planta en el suelo, así que después de limpiar el asiento, continuamos nuestro periplo hasta el baño, mi refugio. La limpio y vuelvo al Zara a ver si soy capaz de encontrar mis prendas mágicas, pero ya han desaparecido… En fin, esto es una tarde de compras en plena operación pañal.

Ahí van mis consejos de primeriza a primerizas:

  • Lo mejor para obligarla a ir al baño es que esté motivada. Los primeros días me funcionó el tema de la compensación: vas al baño, obtienes  una pegatina. Pero enseguida me di cuenta de que la mejor manera de conseguirlo era utilizar de gancho a sus  muñecas preferidas: dos peluches de Minnie y Dora. “Resulta que Minnie quiere ver cómo haces pipí ¿se lo enseñas?”, “Me ha dicho Dora que tiene ganas de hacer caca ¿vamos a verla?” y así hasta montarme películas enteras (con voces incluidas). Como último recurso, reconozco que también he usado varias veces las amenazas del estilo “Si no vas al baño, no te dejan entrar en el cole”. Y también funcionan.
  • Hazte con un empapador-cubresofá. Mi madre me compró uno en un chino y mano de santo.
  • No olvides meter bolsitas de plástico (yo uso bolsas para congelados, de esas transparentes que venden en paquetes) en su mochila, sobre todo si vas al parque. En más de una ocasión tendrás que recoger el paquetito de tu enano/a del suelo, siguiendo el mismo modus operandi que la recogida de cacas perrunas.
  • Cuando vayas a hacer la compra en un centro comercial, cerciórate antes de que tu criatura ha descargado su vejiga ya que, de lo contrario, tendrás que dejar la compra a medio hacer y salir pitando hacia el baño más cercano con el engorro que esto conlleva.
  • Decidle a vuestras vocecillas internas que no se queden afónicas como la mía. Todo con paciencia y calma se lleva muuuuucho mejor.

¡Feliz martes!

 

    • Arantxa
      10/12/13

      Me he partido de risa con la historia de Zara, aunque entiendo perfectamente que vivirla fue un “marrón” en toda regla. Me han encantado los consejos finales. Yo más de una vez he tenido que dejar el carro del súper con toda la compra retirado en una esquina para salir volando con mis niñas al WC y es un auténtico rollo.
      ¡Gracias por compartir anécdotas tan graciosas! Una divertida manera de empezar el día…
      Besos.

        • Laura
          10/12/13

          Bueno, es que claro tú ya con dos me imagino la papeleta… Por eso, las que tenéis hijos/as muy seguidos ¡sois mis heroínas! Si yo ando estresada con una… ¡Nos vemos prontito por Sweet Vintage!

    • ¡AY! ¡AY! ¡AY! Que me han dado sudores fríos jejeje.
      Madre mía qué momento. Y lo peor que te quitaron tus prendas mágicas jejeje.
      Temo que llegue el momento!!!!
      Besos,

        • Laura
          10/12/13

          Bueno, no te preocupes. Hay ninños (como el de mi amiga) que en dos semanas ya controlaba el tema. Como ya sabrás por experiencia a estas alturas, ¡cada niño es un mundo! Lo bueno es que me pude resarcir y pasados unos días volví a por mis prendas mágicas (no exactamente las mismas, pero casi), je, je.

    • Jajajaja, ésta anécdota te servirá para avergonzarla cuando sea mayor y se la cuentes a sus amigas o lo que es peor a su novio jajajaja
      Ya me estoy imaginando la cara, pero es que son este tipo de historias que suelen contar los padres para avergonzar a sus hijos. Jajajaj Es perfecta!!

        • Laura
          10/12/13

          La verdad es que eso ni lo había pensado… je, je, je ¡¡Toma nota!!

    • paparracho
      10/12/13

      Bueno, bueno, bueno. Esto, en cuanto a contar intimidades, está a la altura del post del sexo de Cruz!!! Instantáneamente, al podium de vuestras entradas más divertidas.

      Cómo me hubiera gustado verte por una rendijita aquel día en el Zara, jajajaja. Buenísimo, Laura.

        • Laura
          10/12/13

          Pues la verdad es que yo lo paso fatal en este tipo de situaciones en las que estamos en sitios públicos porque me da la sensación de que la gente me está mirando y reprobando mi actitud (o mi falta de ella). Claro que luego en formato post queda hasta gracioso… :) ¡Un beso, cuarteto!

    • Me parto con el post de Zara!!! Sin duda una situación por la que muchas madres pasaremos aunque haré caso de tus consejos para evitarlo en la medida de lo posible ;-) .

        • Laura
          10/12/13

          El mejor consejo es el último. Actitud zen ante cualquier imprevisto y/o desaguisado de los enanos. ¡Pero es tan difícil!

    • Cruz
      11/12/13

      Ay, madre, lo que se me avecina… me apunto todos tus consejos, como siempre, que eso de que vayas por delante tiene una gran ventaja (para mí, claro, jeje)

    • mamanatas
      13/12/13

      Madre mía, menuda situación!! :O
      Jo, nosotros es que tuvimos mucha suerte con el guaje porque lo controló muy bien desde el principio. Si me pasa eso a mí me muero de vergüenza!! Ahora, me lo cuentas tú y me parto, jajajajajaj. Que no es por maldad pero es que tiene mucha coña el tema, jijiji
      Veremos el neñu, aunque todavía falta mucho, si me pone en un aprieto… Cruzo los dedos.
      Bs!!

        • Laura
          16/12/13

          ¡¡Si es que el guaje es un santo varón!! A ver si el ñeñu os sale igual de bueno… Y, si no, pues nada, respirar profundo y al toro! No queda otra ;) De verdad, que sigo sorprendiéndome cuando veo tu actividad bloguera… ¿Cómo lo haces, Laura?

    • jajaja…qué vivencias nos hacen vivir estos peques!! por suerte yo he sido una madre muy afortunada. Fue quitarle el pañal y ya está, ni se hizo nunca pipi ni caca encima, ni de día ni de noche, y mira que las noches las aguanta de un tirón!! eso sí, también he tenido que recoger alguna caquita del suelo de alguna calle o parque como si fuera la de un perrito jejeje. Seguro que ahora ya domina a la perfección el tema, no? y sinó…paciencia, todo llegará :)

        • Laura
          16/12/13

          ¿Qué dices? ¡Pues vaya suerte! Porque lo de las noches yo lo veo para largo… Ahora ya controla mucho más, pero se le sigue escapando (ayer domingo sobre la alfombra del salón nueva de mi madre… ¡toma ya!), sobre todo cuando está jugando o viendo la tele. Se le olvida y rasss, meadita al aire… ¡Gracias por los ánimos!