El paso de la cuna a la cama

 

De repente, sin que te hayas desprendido de tu pegatina de “madre primeriza” llega el día en que tu bebé necesita una cama en la que moverse a sus anchas, donde no hay barrotes, ni chichoneras ni ositos colgando.

Poco a poco, con un poco de pena pero también con mucho orgullo, ves crecer a ese pequeño ser que pesaba tres kilos hace 24 meses y que ahora ya no puedes casi ni mecerlo en brazos sin riesgo de que te salga una hernia. Quedan unos meses para decir adiós a pañales y chupetes, vestigios de bebé que quedarán atrás y que recordaremos con una mezcla de nostalgia y alivio.

El paso de la cuna a la cama es un trámite más de ese adiós bebé al que lento pero sin pausa estamos viviendo en casa. Con dos añitos, Olivia estrenará su cama nueva. He optado por una cama nido, de color blanco. La de abajo tiene ruedas y sale con gran facilidad. Además se puede guardar hecha, lo que me parece una gran ventaja, sobre todo porque mi idea es que Olivia empiece a dormir en esa, que es más bajita. Otra de las características de la cama (comprada en Sueño Mueble) es que cuenta con dos cajones, perfecta para guardar la ropa de cama y las toallas. De hecho, reconozco que uno de los grandes fallos que cometí al comprarle la cuna fue que no tuviera cajones en la parte de abajo.

Ya os contaré cómo nos adaptamos, porque este nuevo elemento nos hace cambiar nuestra rutina, que es que ella se duerme conmigo en mi cama y luego la pasa a la cuna su padre. Ahora tendré que leerle sus cuentos favoritos en la nueva cama, esperar a que se duerma y moverme yo.

Y vosotros, ¿cómo vivisteis este paso?

Por cierto, Mr. Random ha querido que la ganadora del sorteo de Lanoa sea Bizcocho de chocolate.

 

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