El rosa y el azul

 

Tengo que confesaros una cosa… ¡soy feminista! Y como tal lucho por la igualdad de hombres y mujeres, y por eso intento utilizar lenguaje inclusivo (en mis posts y en mi vida), y por eso llevo luchando, desde que nació Darío, para que no le instalen en la cabeza clichés y prejuicios que no vienen de serie. Y he de admitir, que me está costando… pero prometo no bajar la guardia y daré lo mejor de mí misma para educar a mi hijo en la igualdad y que sea un hombre justo e igualitario.

Y esto, que dicho con un puño en alto y un poco de tierra (del parque) en la mano, podría haber generado una escena a lo Escarlata O’Hara fantástica, pues puesto así en papel, puede sonar a panfleto ideológico que no dan ganas de leer… pero si me habéis seguido hasta aquí es porque pensáis, como yo (y si no me lo decís en los comentarios) que el tema de las cosas “de chicos” y “de chicas” en los niños, que siempre ha estado ahí, se nos está yendo un poco de las manos (o como poco, no ha avanzado al ritmo que sí lo han hecho otros temas en la sociedad).

Hace un par de veranos me acerqué a una zapatería infantil para comprar unas zapatillas de andar por casa. En el escaparate no había mucha oferta (¿dónde compra la gente las zapatillas de andar por casa en verano? ¿Somos los únicos frikis que vamos calzados en casa en los meses estivales…?), pero vimos unas zapatillas de Peppa Pig que rápidamente llamaron la atención de Darío (todavía estábamos en esa fase adictiva con Peppa por la que pasan/pasamos la mayoría). Una vez en la tienda, y explicada mi necesidad… “¿Qué quería?” “Unas zapatillas de andar por casa para el peque”, va y me dice, con toda su buena intención la señora dependienta/dueña del lugar “Pues no tengo nada”… Tras un momento de bloqueo mental (nunca he sido muy rápida, pero desde que soy madre la cabeza me va más lenta porque gestiona excesiva información), se me ocurre preguntar, sin maldad (porque de haber sabido la respuesta, habría sido más provocadora)… “¡anda! ¿Pero las de Peppa no son de andar por casa?” Y resulta que sí, que sí lo eran, pero que a la señora dependienta/dueña de la tienda ni se le había pasado por la cabeza ofrecérmelas para un niño. Intenté disimular mi cabreo/sorpresa/estupefacción, ante el hecho de que primara un tema de género al propio interés por vender zapatillas, y nos llevamos, para felicidad de Darío, unas novísimas y “rosísimas” zapas nuevas de su personaje favorito de la televisión.

A lo largo de estos años he visto con asombro cómo las productoras y marcas, antes que “bajarse de la burra” y entender que un niño puede llevar una camiseta rosa, han creado líneas de productos alternativos (en el caso de Peppa lo intentaron con George) para así poder dirigirse también al género masculino (en azul). Pero ¡oigan! Es que la protagonista es Peppa, ¡y es la que nos gusta a toda la familia! También sucedió con Dora la Exploradora, que de tanto éxito que tuvo… pues le contraprogramaron un alter ego masculino, Diego, que era su primo, y que así generaba merchandising para niños sin traumas. ¡Venga ya! ¡¡¡Qué estamos en el siglo XXI!!!

Los ejemplos que os podría contar sobre momentos “rosa y azul”, sobre momentos en los que, por mucho que hagas, no puedes luchar contra una sociedad y un mercado a los que les interesa que estos clichés y los roles correspondientes pervivan, son muchos para contarlos todos, pero hay dos que me vienen a la cabeza y ambos sucedieron cerca de Navidad. Hace un par de navidades entré “por error” en una macro tienda de juguetes, que no suelo frecuentar pero que me quedaba de paso y tenía un juguete que andaba buscando, y me horrorizó darme cuenta de que, desde el pasillo central, podía adivinar cuáles eran los pasillos “de chicos” y “de chicas” porque el rosa chillón de una parte y los azules y colores oscuros de las cajas conformaban un collage uniforme que no daba pie a la duda.

Otro momento, también en torno a las navidades pasadas, cuando todas las niñas se habían pedido disfraces de Elsa (Frozen) y todos los niños de la Patrulla Canina, y por tanto el tema de conversación en el cole y el parque era único, Darío me vino a casa diciendo que en el cole le habían dicho que Frozen era de niñas. Y ¡hasta aquí podíamos llegar! ¿Por qué? ¿Porque las protagonistas son chicas? ¿Porque el merchandising es de chicas? Y para demostrarle que esto era un sinsentido pusimos a toda pastilla (el volumen siempre ayuda a reafirmar ideas) la banda sonora de Frozen y juntos cantamos a grito pelado “Libre soy” y la versión latina “Suéltalo” y hasta en inglés, el “Let it go”. Y es que, si mi hijo se hubiera pedido para Reyes el disfraz de Elsa (no pidió ninguno) se lo habrían traído y nos lo habríamos puesto para el concierto de Frozen* para el que ya tenemos entradas (concierto con orquesta y coro en el Palacio de los Deportes el 11 de noviembre. Pero como no tenemos disfraz… iremos en vaqueros (azules).

*Vamos a sortear entradas, así que estad atentos a mis posts de ocio de los viernes

 

    • @ladesordenada_
      18/10/16

      El pasado viernes, sin ir más lejos, estábamos en la cafetería de uno de los centros de El Corte Inglés y desde ella se veía, en la planta inmediatamente inferior, la zona de ropa de bebés: un área llena de prendas rosas y otra equivalente de prendas azules. Y pensé en lo mismo: ¿por qué el mercado se empeña en perpetuar ese cliché cromático en los niños pequeños, si de mayores (y adultos) esos no son los colores dominantes en la ropa de ninguno de los dos sexos?

    • María P
      19/10/16

      Me parece genial el post y te digo que eres valiente. Mi hija se disfraza de Spiderman como de Frozen sin problema, veremos si con el chico pasa igual.

        • Conchi
          24/10/16

          Qué razón tienes María. Ese punto no lo había ni tratado. Y es que, curiosamente, y aunque luego la vida nos pone a todas en nuestro sitio (con nuestros techos de cristal y la discriminación de género), de pequeños, es más la presión social hacia un niño vestido de frozen que hacia una niña vestida de Spiderman.