Madres de cine

 

Muchas de las madres que se han colado en la gran pantalla nos han dejado una marca imborrable. Unas, por abnegadas y sufridoras; otras, por víboras y psicópatas. Un muestrario al que desde entremadres (cinéfilas empedernidas) rendimos homenaje a modo de clausura tardía del Día de la Madre.

Si hay un realizador que ha explorado el universo materno desde su “diván” de director es Pedro Almodóvar. En su filmografía nos ha regalado un variopinto gazpacho de madres, en el que incluyó a su propia progenitora en breves y divertidas apariciones. Pero el manchego no es el único que ha buceado en aguas maternas. Echad un vistazo a este catálogo (incompleto) de mamás de cine y lo comprobaréis:

Madres coraje. – Hace medio siglo, Vittorio de Sica firmó una de las cintas más crudas del neorrealismo tardío italiano, Dos mujeres, con una Sophia Loren en estado de gracia que ganó un Oscar por encarnar a una madre que pelea por salir adelante junto a su hija. En el año 2000 Lars von Trier y Steven Soderbergh también nos conmovieron con dos mamás muy diferentes. El danés perturbado  (yo era su fan número uno hasta que vi Anticristo) nos paralizó en la butaca con Bailar en la oscuridad y el segundo le permitió a Julia Roberts hacerse con su única estatuilla dorada gracias a Erin Brockovich. En Kill Bill la “Mamba negra” (Uma Thurman) busca a su hija tras cinco años en coma, con un trozo de metal en su cabeza y el deseo de venganza en su corazón. Tarantino total. Y, por último, dos de mis directores favoritos, Ken Loach y Clint Eastwood, que se basaron en dos madres reales para dar forma a Ladybird, Ladybird y a El intercambio.

Madres diferentes. – Elastic Girl, la protagonista de Los increíbles, es capaz de olvidar su sosa vida de civil para enfundarse de nuevo la capa de súper heroína y estirarse hasta el infinito para proteger a sus tres hijos. Deseandito estoy de que Martina tenga edad para verla porque a mí me encantó. En esta línea surrealista también se mueve Felicity Huffman en Transamerica, en la que encarna a un transexual operado cuya vida toma un giro inesperado al descubrir que cuando a “ella” todavía le crecía bigote tuvo un hijo, ahora convertido en un adolescente que vaga por las calles de Nueva York. Todo muy almodovariano. Y no podemos olvidar Alien resurrección, donde la teniente Ellen Ripley (Sigourney Weaver) engendra un híbrido xenomorfo humano al que finalmente mata para salvar a la humanidad en la única escena de la saga en la que vemos a Ripley llorar. Lágrimas de madre.

Madres con mala baba. – La madre más perturbadora del cine siempre ha estado muerta. O semi muerta, si tenemos en cuenta que revivía cada vez que su hijo, Norman Bates (Anthony Perkins), se colocaba su vestido y su peluca. Para dar forma a Psicosis, Hitchcock adaptó la novela de Robert Bloch, inspirada en un verdadero asesino, Ed Gein, que mató y se comió a cuatro mujeres entre 1954 y 1957. Brian de Palma también se sirvió de la literatura de Stephen King para su filme Carrie, en el que Piper Laurie encarna a una madre enfermiza, cuyo afán religioso le lleva a maltratar a su hija Carrie (Sissy Spacek), que se venga tirando de poderes telekinéticos. Cuatro años más tarde, la cartelera volvió a escupir litros de hemoglobina en Viernes 13, una cinta que se rodó sin demasiadas pretensiones y acabó siendo un clásico de culto con once secuelas y una serie de televisión. En ella, la actriz Betsy Palmer se mete en la piel de una madre psicópata que se encuentra detrás de los misteriosos asesinatos cometidos en un campamento de verano, donde hace años murió ahogado su hijo Jason. ¿Y qué decir de la “joyita” de madre que tiene Precious? Hace tres años, la actriz y presentadora Mo’Nique nos regaló una interpretación inquietantemente creíble, metiéndose en la piel de una madre maltratadora que pretende hundir a su hija en la ciénaga donde ella misma se encuentra. Y lo hizo con una maestría que le valió un Oscar.

Madres picaronas. – En 1967 Mike Nichols nos sirvió un cóctel agridulce de sexo, egoísmo materno e inocencia, endulzado con las pegadizas canciones de Simon & Garfunkel, en El graduado, donde la Señora Robinson (Anne Bancroft), una mujer madura, atractiva y alcoholizada, seduce a un  imberbe Dustin Hoffman. Cuatro décadas después, Julianne Moore era la que seducía a su propio hijo para intentar encontrar lo que no halló en su marido en la, a mí gusto irregular, Savage Grace, que contó con triunvirato español a cargo de Belén Rueda, Elena Anaya y Unax Ugalde. En clave mucho más bonachona, Mamma mía!nos descubrió la cara más pilla de Meryl Streep. La actriz, con 17 nominaciones y 3 Oscar bajo el brazo (solo superada por la estupendísima Katherine Hepburn), puede demostrar en su curriculum que es especialista en madres: Kramer contra Kramer, La decisión de SophieLos puentes de Madison…

Madres sufridoras. – En la primera película norteamericana de Roman Polanski, La semilla del diablo, el cineasta de origen polaco consiguió aterrorizar a la platea gracias a la efectista máxima de sugerir antes que mostrar y al soberbio trabajo de Mia Farrow, que consigue transmitirnos el desasosiego de una futura madre que sospecha que lo que lleva en el vientre no es muy humano. La secuencia final es antológica: Rosemary (Mia) accede, cuchillo en ristre, al salón en el que se está celebrando el nacimiento de su hijo, y tras sus primeras reticencias a mirarle, mece la siniestra cuna negra para conseguir que su bebé deje de llorar, asumiendo su condición de madre. Pone los pelillos de punta. En 1999 Benito Zambrano rindió tributo a la generación doliente de la posguerra, y en especial a la figura de la madre, en su ópera prima Solas. De diez es el careo interpretativo de María Galiana (la abuela de Cuéntame cómo pasó) y Ana Fernández. En Magnolias de acero se orquestaba una emotiva historia de mujeres sureñas con una soberbia Sally Field en el papel de madre en permanente sufrimiento por la diabetes de su hija (Julia Roberts). Unos años más tarde, Field volvió a conmovernos en Forrest Gump y, todavía más tarde, en la serie Cinco hermanos.

Y cierro mi post con una recomendación para todos los públicos: Madres e hijas. La peli de Rodrigo García (el hijo del escritor García Márquez) nos muestra el abandono, el arrepentimiento, la indecisión, la soledad y el duelo interno en el que viven las madres, las hijas, las madres que son hijas y las hijas que son madres en forma de un círculo vicioso improvisado que es la vida misma. Hace poco la volví a ver y me sigue emocionando.

 

 

 

 

 

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