Mamá a los 50 y tantos

 

Ayer desayuné con una noticia que me dejó ojiplática: una madre británica se arrepiente de haber sido primeriza a los 57 años. Después de conseguir no atragantarme con el trozo de tostada, volví a leer el titular y sí, efectivamente no había leído mal; la edad era 57. La prota de nuestra historia lo consiguió gracias a una fecundación in vitro (óvulo de donante y esperma de su pareja) que le costó 18.000 euros en Rusia (en Gran Bretaña las clínicas se negaron por su edad). Y yo me pregunto: ¿Estamos locos o qué?

Sue Tollefsen se arrepiente de haber decidido ser madre tan mayor fundamentalmente por dos motivos: la cantidad de energía que le requiere el cuidado de su hija y la preocupación de no vivir lo suficiente para verla crecer(el año pasado contrajo una infección sanguínea que la dejó postrada durante varios meses). No quiero echar más leña al fuego (por lo visto ya se ha enfrentado al rechazo de otros padres de su entorno que la tachan de egoísta), pero ¿qué se pensaba esta buena mujer que era tener hijos?

Sue, que es profesora retirada, ahora tiene 61 años y su hija Freya, 4, así que haciendo unos cálculos rápidos, cuando la pequeña empiece a entrar en la “edad del pavo”, digamos que a los 15 años, su madre ya habrá cumplido los 72… Y encima tendrá que sobrellevar esta y otras etapas sola ya que ha roto con su pareja (10 años más joven que ella). En fin, un poema de situación…

Casualmente, esta noticia la leí justo unos días después de que mi endocrino me preguntase cuándo pensaba animarme a ir a por el segundo, curiosidad que decidí alimentar de forma resolutiva, recurriendo al único argumento que yo creía inapelable, sobre todo frente a un médico: «Uff, si es que yo ya soy muy mayor y entre que me pongo otra vez y me quedo, me planto en los 39…». Su respuesta: «Bueno, mujer, si ahora ya sabes que con 40 las mujeres tienen hijos y no pasa nada…». Zanjé la conversación con una sonrisa pero de camino a casa le di vueltas a su comentario porque siempre había pensado que los médicos no eran partidarios de los embarazos tardíos por los riesgos que conllevan.

¿Y cuáles son esos riesgos para las mujeres que, como yo, superamos los 35 años? Pues según los expertos, tenemos más posibilidades de que el bebé tenga defectos congénitos, de sufrir un aborto espontáneo (el 20 % en mujeres de 35-39 años y el 35% en féminas de 40-41 años), de contraer diabetes gestacional, de sufrir presión arterial alta y problemas en la placenta e incluso de tener un bebé prematuro (antes de la semana 37). La lista es todavía más larga, pero tampoco quiero cortar el

rollo a nadie (incluyendo a tres amigas mías embarazadas).

Ya sea porque la alarma de nuestro reloj biológico nos suena más tarde o porque las circunstancias nos “obligan” (trabajo, piso, coche y todas esas “trampillas” en las que nos metemos), la realidad es que en España se ha retrasado la edad para ser madre: 31,17 años (su máximo histórico).  Y yo en este tema respiro como una cierta inercia social  (“Todas lo hacen, pues yo también”) que a veces me confunde. Es verdad que muchas mujeres de mi entorno han sido madres con 38, 39 e incluso con 40 y les ha ido bien, pero me pregunto ¿Estaremos jugando con fuego?

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