Meditar en el cole

 

Antes de que mi hermano abandonara Madrid de nuevo (ya os conté que desde hace cinco años ha convertido Nepal en su centro neurálgico), dio una sesión de cuencos tibetanos a niños de 9 años de un colegio público de Alcalá de Henares que ya practicaban 15 minutos de meditación diaria después del recreo. Cuando me contó qué tal le había ido, la verdad es que aluciné: la gran parte de los niños se dejó llevar por el sonido, relajándose por completo. No tenía ni idea de que había colegios que practicaban el mindfulness, pero así es. Nada menos que unos 200 colegios en toda España.

Para los que no estéis familiarizados con la meditación (os recomiendo “Biografía del silencio”, de Pablo d’Ors. Es muy pequeñito, así que os lo leéis en dos días), esta práctica consiste, principalmente, en tomar consciencia del tiempo presente, dejando pasar nuestros pensamientos y emociones sin juzgarlos, aceptando la realidad tal y como se nos presenta; con plena atención y disfrutando del aquí y ahora. La meditación, en definitiva, nos conecta con nuestro ‘Yo interior’, a veces tan tapado por nuestro ‘Yo social’.

A estas alturas, está científicamente demostrado que meditar incrementa la actividad en las zonas asociadas a las emociones positivas y, al mismo tiempo, la disminuye en el lóbulo derecho (relacionado con la depresión) y en la amígdala relacionada con el miedo y la ira. Además, reduce los genes inflamatorios y, por tanto, disminuye los efectos nocivos del estrés, actuando como una especie de analgésico.Y, desde luego, incrementa los niveles de atención considerablemente, algo que puede mantenerse durante periodos más largos.

Y, ahora, la pregunta del millón: ¿Qué aporta la meditación a los niños? Pues, teniendo en cuenta la cantidad de estímulos que tienen hoy en día, pararse durante 15 minutos les relaja, lo que repercute positivamente en su estado emocional. De hecho, los coles que lo practican ya han comprobado que se reduce el absentismo y la conflictividad en las aulas (los niños son mas empáticos y se respetan más) y que la proporción de alumnos que pasa al instituto con todas las asignaturas aprobadas se ha incrementado considerablemente. Y, además, todos estos aspectos positivos los trasladan a sus casas. En general, la meditación aumenta su concentración y su atención; refuerza su autoestima; aumenta su capacidad de autocontrol; regula sus emociones; disminuye su ansiedad y su fatiga; y potencia sus habilidades sociales.

¿Y qué es lo que hacen exactamente los niños cuando meditan? Cada colegio tiene sus propias técnicas, pero en general practican la concentración en el momento presente (se centran en una tarea determinada durante 5 largos minutos como, por ejemplo, saborear una galleta) y la respiración consciente con los ojos cerrados. En algunos coles, los niños repiten mantras (de nuevo con el objetivo de centrar su atención) o se dan masajes unos a otros. Son 15 o 20 minutos de parada.

En España todavía está poco extendido (en Australia, por ejemplo, el Gobierno quiere incluirlo en el currículo escolar para 2020), aunque cada vez hay más iniciativas en este sentido. Hace dos años, la Asociación Española de Mindfulness y Compasión puso en marcha el proyecto ‘Escuelas Conscientes’, un programa pionero en España que ayuda a los niños a afrontar el estrés y a regular sus emociones. El Gobierno de Canarias ha implantado,  por primera vez en España, una asignatura obligatoria que se llama Educación Emocional (incluye mindfulness); en Aragón, un grupo de profesores ha creado el Programa Aulas Felices: gratis, de libre difusión y dirigido a alumnos de Infantil, Primaria y Secundaria. Y en Cataluña se ha creado el Programa Treva: Técnicas de Relajación Vivencial Aplicadas al Aula.

Yo creo que los primeros que necesitamos meditar somos los adultos: nos pasamos el día corriendo en “modo multitarea”, bombardeados por todo tipo de estímulos e información y angustiados por problemas presentes y, lo que es peor, futuros (problemas hipotéticos, no reales). Y, al fin y al cabo, nuestros hijos son un reflejo de nosotros mismos.

Cierro el post con una reflexión de Daniel Siegel, experto del Center for Culture, Brain and Development de UCLA y co-director del Mindful Awareness Research Center (Los Ángeles, EE.UU.): “La práctica del mindfulness es una inversión educativa inteligente y duradera para combatir el estrés y potenciar el bienestar fisiológico, mental y emocional”. Ahí es nada.

¿Qué os parece la idea?

    • María Elena
      16/09/15

      Muchísimas gracias por vuestro comentario. Me pasó este link Rocío y lo hemos visto todos los profes del cole y en la clase lo hemos leído todos juntos. Soy María Elena la profe que invitó a Álvaro a darnos la sesión de cuencos tibetanos…¡¡¡¡que nos encantó!!!! De hecho queremos volver a invitarle para que nos hable de sus proyectos en Nepal.
      Solo quisiera hacer una aportación: meditamos todos los días, sin excepción, a primera hora de la mañana, a las 9,00 h.
      Os doy las gracias de corazón por hacer extensible lo que hacemos en las aulas para que todo el mundo vea que cuando se quiere…se puede. Muchas gracias por tan completo blog. Un abrazo