Para ellos

 

Hacía tiempo que quería escribir un post–homenaje a una figura clave, a veces, injustamente relegada a un segundo plano: los padres.

Me he permitido la licencia de plagiar un formato publicitario que nuestros amigos argentinos aprovecharon como solo ellos saben hacer para vender litros y litros de la “bebida de la felicidad”.

Para los imperfectos. Para los voluntariosos.

Para los seguros. Para los indecisos.

Para los implicados.

Para los que juegan sin mirar el reloj.

Para los que siempre regalan doble ración de mimos.

Para los papás viejunos. Para los fashion dadys.

Para los que se levantan de madrugada sin bufar ni miradas asesinas.

Para los que te miran y ven a una mujer.

Para los que te dicen “guapa” cuando tú solo ves kilos de más.

Para los que te escuchan.

Para los que hacen viajes imposibles en el día para llegar a casa por la noche.

Para los que un abrazo de brazos pequeños les convierte en el hombre más feliz del mundo.

Para los que ya han descubierto lo duro que es esto y siguen tan contentos.

Para los que están tan contentos que lo plasman en posts.

Para los guasones , para los responsables.

Para los despistados, para los sacrificados.

Para los comprometidos.

Para los que no se tumban en el sofá cuando llegan de trabajar.

Para los que diferencian el Apiretal del Dalsy.

Para los que todavía no saben qué es un empapador.

Para los que se acuerdan de encender el humidificador.

Para los que se manejan con soltura en una conversación de percentiles.

Para los que no creen en los percentiles.

Para los que siempre se acuerdan del yogur del postre.

Para los que sacrifican horas de cine, series, fútbol o póquer.

Para los que se tragan 128 veces el mismo capítulo de Pocoyó.

Para los que enseñan orgullosos las fotos de su cartera y/o móvil.

Para los que saben hacer purés y los hacen.

Para los “listillos”, para los torpes.

Para los “polis buenos”, para los “polis malos”.

Para los primeros. Para los últimos.

Para los que no están pero quisieran estar; para los que siempre están; para los que estarán dentro de poco.

Para los que les gusta “Kramer contra Kramer”.

Para los que se sienten orgullosos de que sus hijos lleven el apellido de su madre.

Para los que no pierden los papeles cuando nosotras nos convertimos en serial killers.

Para los que pierden los papeles cuando les inunda la felicidad.

Para vosotros.

Para todos.

Dedicado a todos los que viven con intensidad su rol de padres y muy especialmente al padre de Martina que, aunque no cumple todas estas cosas (¿purés? ¿qué purés?), para mí es el MEJOR padre del mundo.

Michel y Martina, un tándem perfecto

 

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