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Durante el último mes, Adriana ha sufrido varias pesadillas. Ya os conté en otro post que, aunque ya tiene dos años y cinco meses, se sigue despertando cada noche y, al final, siempre acaba en nuestra cama. Bueno, pues seguimos igual. Ningún avance. Y ahora, además, de vez en cuando tiene pesadillas, lo que al pack de “duermo en una esquina de la cama-me levanto con tortícolis” se le suman patadas y manotazos, fruto de estas “pesadillas”. Y lo pongo entre comillas porque nunca he estado segura de la diferencia entre pesadillas y terrores nocturnos, así que he investigado un poco y aquí está el resultado.

¿Qué es una pesadilla?

  • Una ensoñación de escenas de peligro que amenazan la seguridad del niño.
  • Ocurren durante la fase de sueño REM o MOR (fase de Movimientos Oculares Rápidos, es decir, la más superficial del sueño).
  • Cuando se despiertan, los niños son plenamente conscientes y comprenden que solo ha sido un mal sueño.

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¿Qué es un terror nocturno?

  • Se le conoce como “parasomnia”, es decir, una reacción anormal del sistema nervioso que ocurre durante el sueño.
  • No es un sueño desde el punto de vista técnico, sino una súbita reacción de miedo que tiene lugar durante la transición de la fase de sueño más profunda (no REM) a la más superficial (REM).
  • Ocurren durante la fase de sueño no REM (sueño profundo), dos-tres horas después de que el niño concilie el sueño.
  • Los niños pueden incorporarse y sentarse en la cama súbitamente, incluso levantarse y ponerse andar por la casa, chillar, dar patadas…. Están dormidos, pese a que su conducta aparente que están despiertos.
  • Muchos sufren dilatación de pupilas, taquicardia, hiperventilación y sudoración profusa. Pero los niños no sufren durante estos episodios. La expresión de miedo o terror en sus caras es automática.
  • La causa que los provoca es un trastorno conocido como “despertar parcial”, donde los niños quedan atrapados en un estado ambiguo, con actividad motora y emocional, pero sin consciencia ni memoria, e incapaces de reanudar el sueño o de despertar por completo y adquirir control de sus actos. Esta disociación se produce, en parte, por la inmadurez de sus cerebros.
  •  Normalmente les ocurre a niños que están muy cansados, enfermos, estresados, que están tomando un medicamento nuevo o que duermen en un entorno nuevo o lejos de su casa. El 80% de ellos tiene algún familiar cercano que también los ha sufrido.
  • La mejor forma de reaccionar es esperar a que pase y asegurarse de que el niño no se hace daño al agitarse. Es mejor no intentar despertarles ya que los terrores nocturnos no se interrumpen por estímulos externos al tratarse de un proceso cerebral. Al cabo de unos minutos, o algo más, suelen tranquilizarse y vuelven a dormirse plácidamente.
  • Al día siguiente, los niños no tienen ningún recuerdo del terror nocturno porque no tienen imágenes mentales que evocar.
  • No suelen ser un motivo de preocupación, ni señal de un problema médico subyacente. La mayoría de las veces desaparecen conforme va madurando el sistema nervioso. Eso sí, si se repiten durante un largo periodo de tiempo, es conveniente acudir al pediatra.
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