¿Por qué los daneses son los más felices del mundo?

 

No lo digo yo, sino el informe ’2013 World Happiness’ de la ONU. Después de analizar 156 países en seis aspectos (el producto interior bruto per cápita, las posibilidades de llevar una vida saludable, el respaldo social, la libertad personal para tomar decisiones vitales, la ausencia de corrupción y la generosidad), parece claro que en Dinamarca la gente es más feliz que en el resto del planeta (está en el grupo de cabeza desde hace cuatro décadas), pero ¿por qué? Vamos a intentar descubrirlo.

daneses

Dinamarca es el segundo país más seguro del mundo (los padres dejan a los bebés solos en sus cochecitos a la puerta del supermercado y muchas veces ni cierran la puerta de sus coches y casas). Ellos se fían del prójimo (en una reciente encuesta, tres de cada cuatro daneses aseguraron creer en la bondad de los desconocidos) y, claro, tanta confianza mutua reduce el estrés. Algo en lo que en España estamos a años luz de conseguir. ¿Os imagináis dejar a vuestro hijo en la puerta del Mercadona mientras tú entras a comprar pañales? Ni de coña, claro. Aquí no los perdemos de vista ni haciendo cola en la pescadería. Y, efectivamente, esto estresa mucho más.

Ahora hablemos de sueldos: mientras en Dinamarca el salario mínimo es de 2.000 euros al mes, en nuestro país esta cifra baja hasta los 645,30 euros/mes. Y ellos también han sufrido la crisis, pero está claro que su sistema económico y sus políticos son bastantes más eficientes que los nuestros o quizás el hecho de que no formen parte del euro (siguen manteniendo sus coronas) les ha ayudado; ni idea, la verdad. Pero lo que sí está claro es que allí los ingresos se reparten equitativamente, sin grandes diferencias entre las rentas altas y bajas, lo que también elimina mucha infelicidad al evitar esa tendencia tan humana a compararse con los demás.

 

                               Escuela infantil en Holbæk (Dinamarca)

Cuando el gobierno danés anunció en 2007 una bajada de impuestos, la gente (independientemente de su ideología política) salió a la calle porque temían que eso dañara los servicios públicos. En este país, la mitad de lo que se gana se lo lleva Hacienda. Repito: la mitad. Y encima, ¡tan contentos de ceder la mitad de su salario al Gobierno! ¿Por qué? Porque saben que sus políticos gestionarán bien su dinero y que todo eso que se llevan de sus nóminas luego se traducirá en sanidad y educación gratuitas, guarderías gratuitas, bajas maternales pagadas durante un año entero, ayudas de 100-200 euros/mes por cada hijo en edad escolar… 

Y algo curioso: Dinamarca es el país de la Unión Europea con más funcionarios, exactamente el 17,54% de la población activa, es decir, que uno de cada 5,7 habitantes tiene un trabajo vitalicio y un sueldo fijo. Y no parece que el Estado se desangre por esto como ocurre en España (el porcentaje de funcionarios es del 6,62%).

Por cierto, a finales de año Copenhague inaugurará una ‘superciudad’ para niños y padres con capacidad para 600 niños de entre 0 y 18 años que contará con residencias, parques, un restaurante con huerto propio, una fábrica y hasta un pequeño ayuntamiento. La razón no es otra que el crecimiento de su población: para 2025, la ciudad prevé un aumento poblacional de hasta 90.000 personas. La capital danesa comenzó a prepararse para este cambio hace casi doce años (esto sí que es ser previsores) cuando sacó a concurso la construcción de esta ciudad infantil, que estará ubicada junto a la “ciudad libre” de Christiania, el famoso barrio autogobernado desde los años 70. 

 

La ciudad de los niños de Prinsessegade (Copenhague) se inaugurará a finales de 2014

Según el informe de la ONU, cuyo objetivo es servir como guía a las políticas públicas de los diferentes gobiernos, el segundo y tercer lugar en la lista de países más felices del mundo lo ocupan Noruega y Suiza. Entre los países de América, destaca Canadá en el puesto sexto y México, en el 16 (justo una posición por delante de Estados Unidos).

España ocupa el puesto 38. Tenemos sol, muchas playas y una comida de chuparse los dedos, pero todavía nos queda muuuucho camino por recorrer para conseguir el llamado “modelo de bienestar nórdico”, ¿o no? ¿Qué opináis?