¿Por qué los niños franceses son tan educados? (I)

 

Esta es la pregunta que se hizo Pamela Druckerman, una periodista americana que comía con su marido en un restaurante en Francia y observó la paciencia y la tranquilidad con la que los niños de otras mesas esperaban su comida. Algo chocante para la autora de uno de los bestsellers del momento en el mundo anglosajón sobre la maternidad y la crianza. El libro se titulaBringing Up bebe: One American Mother discovers the wisdom of French Parenting” (febrero 2012, 257 páginas) y os recomiendo su lectura, de la que he extraído interesantes enseñanzas. En España lo ha editado Temas de Hoy, bajo el título de “Cómo ser una mamá cruasán”, y aunque hace meses que está en las librerías, como os contó Laura.

Uno de los aciertos del libro es que la autora, que deja su país para casarse con un británico e instalarse en París (ambos son periodistas y se conocen en Buenos Aires, ella trabajaba entonces en The Wall Street Journal), mezcla sus propias experiencias personales como madre con sus descubrimientos sobre la educación de los niños franceses y citas de expertos (con algunos incluso se entrevista en persona).

Escena de la película francesa “Los 400 golpes”, de Truffaut

Lo más llamativo para ella es la gran diferencia en la forma de educar entre su país de acogida y su país de origen (creo que nuestras costumbres de crianza deben estar más cerca de la de nuestros vecinos que de la de los americanos, porque a mí algunas cosas de las que cuenta no me sorprendían).

Según Druckerman, el problema de los padres americanos es el llamado “overparenting”, es decir, “prestar más atención a la crianza de los hijos de lo que puede ser bueno para ellos”. En cambio, destaca que los padres franceses no están todo el rato pendientes de sus hijos, que les dan autonomía. Se preocupan de su bienestar, por supuesto, pero sin estar obsesionados.

También señala que los progenitores franceses se implican, pero sin volverse obsesivos. Asumen que unos buenos padres no están siempre al servicio de sus hijos. Los padres franceses quieren que sus hijos sean estimulados, pero no siempre. Y cuenta que los americanos han llegado al extremo de contratar cuidadoras que hablen a sus hijos en mandarín.

Los chicos del coro también eran franceses

Las diferencias entre ambas culturas de crianza aparecen desde el embarazo. Mientras que en Estados Unidos se cree que la mujer embarazada puede volcarse en sus antojos y aprovecharse de su situación, las francesas saben que deben cuidar su alimentación y no engordar más de lo necesario.

Marion Cotillard, francesa, madre y delgada

De hecho, el tema de los kilos de más sale varias veces en el libro y la autora llega a estar impresionada con las madres francesas (en realidad parisinas) por su delgadez y su look “elegante” incluso para ir al parque con sus criaturas.

Y en esta labor por no perder la figura tras los embarazos reside parte del secreto que encierra el libro de Druckerman y que poco a poco su lectura va desvelando. Por cierto, para las interesadas en este tema podéis leer “Por qué las mujeres francesas no engordan”, de Mireille Guiliano, citado en varias ocasiones por la estadounidense.

Como madre americana, la autora se ha leído “Qué esperar cuando estás esperando”, un libro que según ella “infunde miedos” y que es todo lo contrario a lo que las revistas francesas escriben sobre el embarazo, ya que éstas inspiran “serenidad y calma” a la mujer en estado.

Las noches y la pausa

Una de las preguntas frecuentes que se hace en Francia a una madre que ha tenido un bebé es “si ya hace las noches”, una expresión con la que quieren decir que si ya duerme del tirón toda la noche. Según las revistas francesas este logro debe conseguirse entre los 3 y los 6 meses (en mi caso, Olivia lo consiguió justo a los 6 meses, al poco de incoporarme a trabajar), pero a la autora le parece algo inconcebible por su propia experiencia. Cuando se pone a preguntar a madres de su alrededor por cómo consiguieron que sus hijos hicieran las noches, nadie sabe explicarle cómo. Entonces viaja a Nueva York y se cita con un experto en sueño infantil que le da la clave de cómo lo hacen los padres franceses: la PAUSA.

No molestar

La Pausa consiste en no romper los ciclos del sueño del bebé. Todos los bebés tienen sueños agitados y hacen ruidos, se mueven e incluso pueden llegar a abrir los ojos. Pero en realidad están dormidos. No cogerles en cuanto hacen un ruido, hacer una pausa antes de acudir, es imprescindible, cuenta el experto consultado por la periodista. Al hacerlo, se les despierta y se les rompe el ciclo del sueño. Cuando los padres franceses oyen un ruido del bebé, hacen una pausa, no acuden inmediatamente: ¿realmente le pasa algo o es un ruido que hace mientras duerme? Si se hace la pausa los primeros dos meses de vida del bebé, este aprenderá a dormir por sí solo. No es un método de entrenamiento del sueño, es enseñar a dormir, explica.

La pausa forma parte de la primera de las claves de la educación francesa que según se desprende del libro son la paciencia, la independencia y la libertad. De estos tres pilares y cómo lo llevan a la práctica os hablaré en el próximo post, que este me ha quedado muy largo.

 

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