Qué es conciliar y qué no lo es

 

Hace unas semanas tuve la oportunidad de participar en un encuentro de madres blogueras organizado por Coca-Cola para hablar sobre conciliación. Aunque he de decir que al principio estaba un poco perdida en cuanto al objetivo del encuentro en sí (ya que no tenía claro si era un espacio para lanzar ideas de cara a la empresa, para compartir experiencias con otras mamás o si la idea era darnos pautas para conciliar…) pero lo que encontré fue un grupo de tías estupendas, que en su mayoría asumíamos que conciliábamos por encima de la media (imagino que de no ser así, lo de tener un blog sería imposible) y lo que se generó fue un espacio muy relajado de diálogo, intercambio de experiencias (al más puro estilo grupo de autoayuda) y algunas ideas muy interesantes lanzadas por parte de los dos ponentes encargados de la sesión: Usue (@mamiconcilia) y César de la Hoz (@Cesareducation), terapeuta familiar (acostumbrado a contextos familiares más complicados que los nuestros).

Quitando estos últimos meses, en los que el trabajo me ha superado un poco, creo que desde que nació Darío (hace ya 4 años) he conseguido que la balanza familia/trabajo estuviera bastante equilibrada, el “plato” de la balanza de vida personal, ¡directamente no existe! Y de eso hablamos mucho (que nos gustaba a todas hablar), y no había soluciones mágicas.

Recupero una frase (que rápidamente convertí en tweet) que me encantó de Laura Baena, creadora de @malasmadres y que pienso poner encima de la mesa siempre que tenga ocasión: “Eso es organizarse, no conciliar”, que surgió cuando algunas mamás contaban cómo hacían malabares para, a costa de su esfuerzo, de correr todo el día y/o de tener un sistema de organización definido al minuto, conseguían pasar bastante tiempo con sus hijos. Efectivamente, si a eso le llamamos “conciliar”, estamos perdiendo el norte.

No oiga no, conciliar (no sólo cuando hay niños, por cierto) es conseguir un equilibrio sano y razonable entre el tiempo que dedicamos al trabajo y el que invertimos en el resto de nuestra vida. Hablamos de racionalizar horarios, flexibilizar jornadas, teletrabajar…etc y no morir en el intento.

Pero también hablamos de la necesidad de que se adapte el calendario y horario escolar. Que si bien asumimos que le colegio no es un “aparca niños” lo que es una necedad es seguir teniendo horarios y calendarios diseñados hace décadas, para una sociedad que no era la actual, en la que hombre y mujer quieren o tienen que trabajar ambos (me da igual si es obligación u opción).

Otro “consenso” al que llegamos (que no los buscábamos, pero había elementos comunes que se podían sustraer de lo dicho) es que incluso la “artista” que conseguía con malabares ser una madre muy presente en la vida de sus hijos e hijas, o las “suertudas” (entre las que me incluyo, lo que no significa que no corra) con flexiblidad de horario, parte de teletrabajo…etc; lo que compartimos es que se nos ha olvidado lo que significaba el concepto “vida privada”, porque en este encaje de bolillos no cabe ocio, no cabe relax y a veces no cabe ni pareja. Y esto, a la larga, seguro que nos pasa factura.

Otro debate fue el de “cantidad” versus “calidad”. ¿Es mejor lo uno o lo otro? ¿Es la “calidad” una justificación del que no puede dar tiempo? ¿Es siempre satisfactorio pasar mucho tiempo con unos seres que te retan cada minuto y a los que hay que educar?

Más allá de la sesión y el debate, que me parecieron interesantes, y también “liberadores” por darme cuenta que comparto alegrías y frustraciones con otras madres en mi situación, mi apuesta y propuesta, que compartí con las presentes va hacia un modelo de maternidad y paternidad compartida, como el que proponen mis grandes amigos de @ahige (www.ahige.org), una ley de Permisos Iguales e Intransferibles por Nacimiento y Adopción (clave para acabar con parte de la discriminación laboral que sufrimos las mujeres), y que tan bien defienden mis amigas y excompañeras de la @ppiina (www.igualeseintransferibles.org) y una sociedad que en general practique más la empatía, y aquí la clave es la educación, y si no, vean estos ejemplos: www.historiasdecambio.org

Gracias Coca-cola por ofrecernos este espacio (por cierto, Darío se lo pasó en grande con los talleres de Grey Elephant) y ¡gracias a todas las madres que sostenéis el mundo! Desde que lo soy, veo en cada mujer que empuja un carro por la mañana hacia la guarde o que lleva a sus niños al cole como ¡una heroína camuflada bajo la apariencia de una tía normal!

    • María P
      14/07/15

      Me ha encantado el post!

    • Me ha encantado el post. Desde luego si una frase resume como nos lo montamos es “organizarse no es conciliar”. Yo siempre digo que no pido que los niños tengan los horarios de los padres si no, que los padres tengamos el de los niños. Por favor!! En pleno siglo XXI no puede ser tan difícil… no?? Bss

    • Demamis
      15/07/15

      Muchas gracias por compartir tu experiencia. Las reflexiones o conclusiones que habéis sacado me parecen muy interesantes. Y la frase de Malasmadres muy acertada…qué vida más loca! Un abrazo

    • Valle Pérez
      23/07/15

      Y lo peor de todo es que cada vez nos ponen mas la zancadilla para que lo poco bien que nos podemos “organizar” se fastidie un poco más, los derechos que tenemos las madres como la reducción de jornada se ven pisoteadas por jefes que no les importa nada la conciliación y el tiempo que una madre pueda pasar con sus hijos, es un derecho de la madre y del padre, pero en la gran mayoría de las veces te desplazan por el echo de tenerla, incluso llegando al mobbing laboral.