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Hace poco más de una semana, el vídeo de una entrevista de la BBC al profesor Robert Kelly recorrió el mundo. Pero no fue por lo que Kelly dijo, sino por lo que sucedió en su despacho mientras él analizaba la situación actual en Corea del Sur: primero, su hija de 4 años entra inesperadamente en escena mientras su padre intenta seguir con su crónica en directo y unos segundos más tarde, se le une su hermano de ocho meses a lomos de un andador hasta que, por fin, la madre se los lleva del despacho. Un “momento vergonzoso y divertido”, según palabras del propio Kelly, al que se le olvidó echar el pestillo de su despacho antes de conectar en directo con la BBC. Una situación que muchos autónomos que tenemos hijos y trabajamos desde casa hemos experimentado alguna vez, en menor o mayor medida.

Trabajar desde casa cuando tienes hijos a veces se convierte en una misión de alto riesgo porque los enanos a veces te boicotean. Os cuento tres anécdotas (yo trabajo desde casa desde 2007) para que lo visualicéis mejor, sobre todo los que trabajáis por cuenta ajena y no estáis familiarizados con este tipo de situaciones “vergonzosas y divertidas”, como señala Kelly:

1. Cuando mi hija Martina (6 años) tenía dos años, se coló en mi despacho (no tengo pestillo en esta habitación) mientras yo hablaba por Skype con un potencial cliente (mi empresa ofrece formación en español a través de Skype a alumnos de todo el mundo) y, por supuesto, me empezó a pedir a gritos que la cogiera en brazos, mientras yo seguía hablando en inglés son este señor de Ohio, Estados Unidos. Al final, tuve que pedirle que me disculpara un segundo, la cogí en brazos y se la llevé de vuelta a su padre, que estaba hablando por teléfono con su mayor cliente (también es autónomo). Durante unos segundos, los dos estuvimos haciéndonos señales para el que otro se quedara con Martina. Al final “gané” yo y él la cogió en brazos mientras continuaba hablando con su cliente. Yo volví a mi despacho y pude acabar mi conversación por Skype con este señor que finalmente nos compró un bono de 40 clases de español :)

Primeros pinitos en el Mac

Martina, cuando tenía 7 meses, en mi despacho

2. Cuando Martina tenía 2 o 3 años se puso mala, así que no fue a la guardería. Me la quedé en casa mientras yo intentaba trabajar. Llevaba toda la semana esperando la llamada de un posible cliente (sigo haciendo trabajos esporádicos como consultora de comunicación freelance) y casualmente me llamó esa mañana para “ametrallearme” a dudas sobre la nueva revista corporativa que quería que yo hiciera para su empresa. Yo me puse muy nerviosa porque quería ofrecer una imagen de profesionalidad (un amigo me había recomendado) y con Martina rondando por ahí sin parar de hacer ruido no era la mejor situación, así que decidí salir a la terraza, cerrar la puerta y hablar tranquilamente con este señor. Cuando Martina se dio cuenta, empezó a llorar mientras aporreaba la puerta que conecta el salón y la terraza. Así estuve varios interminables minutos mientas resolvía sus dudas sobre la revista. En fin, ¡un estrés!

3. El año pasado, estaba hablando por teléfono con la Cámara de Comercio de España en Hong Kong (el año pasado nos lanzamos al mercado chino, aunque por ahora ¡no tenemos ni un solo alumno chino!) y Adriana (ahora tiene dos años), que ese día no fue a la guardería porque tenía fiebre, empezó a llorar. Como la conversación era muy importante para mí y me había tirado semanas persiguiendo a esta señora, seguí hablando mientras tapaba el teléfono para que no la oyera. Al final, tuve que pedirle que me disculpara un segundo porque con los berridos de Adriana de fondo no me estaba enterando bien de lo que esta señora me estaba contando. Como ella misma la oyó, se mostró tremendamente comprensiva y me instó a aplazar nuestra conversación. Así lo hicimos y finalmente pudimos hablar con tranquilidad otro día.

foto  2

Hablar temas laborales por el móvil con una niña encaramada es todo un arte que, con el tiempo, se perfecciona

Ser trabajadora autónoma y tener hijos a veces te coloca en esta clase de situaciones, un tanto estresantes y embarazosas, pero son casos excepcionales. Si hago balance de mis años como autónoma y mis anteriores como trabajadora por cuenta ajena, tanto en medios como en agencias de comunicación, me quedo con ser autónoma, la verdad. Cuando alguna de las dos se pone enferma o Michel o yo nos quedamos con ellas en casa; podemos hacer la compra, cualquier recado o incluso ir al gimnasio cuando la mayoría trabaja; pero sobre todo, me permite estar con mis hijas todas las tardes, un lujo que desgraciadamente no tod@s conseguimos. Por supuesto, también tiene inconvenientes, pero ésta ya es otra historia que, quizás algún día, también plasme en forma de post.

COMENTARIOS
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  • Teresa 21/03/17

    Yo os admiro a las que trabajais con niños en casa. Yo no podría, las pocas veces que por circunstancias he trabajado desde casa con ellas allí, no me ha cundido ni la cuarta parte de lo que me cunde en la oficina.
    Y lo que tú comentas, reuniones, llamadas…vamos, me parece dificilísimo. Para mi la única opción de trabajar desde casa es que fuesen a la guardería 8 horas al día, del mismo modo que van trabajando yo fuera.
    Con lo del video de este señor yo también me he sentido muy identificada, porque aunque tengo reducción de jornada y paso las tardes con ellas, a veces tengo alguna call puntual por las tardes, y evitar que entren en la habitación o hagan ruido es todo un reto! jajaja. Yo, como son cosas fuera de mi horario, ya opto por decir, antes de empezar: oye, si oís a mis hijas en algún momento, es que las tengo en casa conmigo, y así me estreso menos habiendo avisado.

    • Laura 21/03/17

      ¡Pues bien hecho, Teresa! Me refiero a lo de avisar a la gente de que tus hijas están en casa. Yo creo que cada vez más la gente lo entiende. El secreto para mí es ser disciplinada. Me levanto siempre a la misma hora (7.30-8.00), las preparo el desayuno, las visto, desayunamos (aquí aprovecho para ver mis emails y Whatsapps de trabajo), me ducho a la velocidad de la luz y salimos pitando (Martina ahora va al cole en ruta y a Adriana la llevo a la guarde), vuelvo a casa y me pongo a trabajar, independientemente de cómo esté la casa. Trabajo unas cinco horas y a las 14.00 me pongo a recoger la casa mientras me voy preparando la comida. Como de 14.30 a 15.00 y sigo trabajando una hora y media más. Recojo a Adriana y luego a Martina y por las tardes suele estar yo siempre con ellas (estoy un poco pendiente del móvil, sobre todo del email). Lo hago todo como un hábito adquirido durante años. Por supuesto, hay días que después de la guardería aprovecho y voy al gimnasio o hago la compra. Este es el lujo de los autónomos (también es verdad que algunas noches toca trabajar una o dos horas). En serio, es fácil. Es cuestión de disciplina y organización :)