Tráfico de bolsas

 

Desde que me quedé embarazada ando metida en un incesante tráfico de bolsas. Todo legal, eso sí. Todo empezó cuando Michela (italiana, dos hijos) me dio una enorme bolsa de deporte con ropa de embarazada: “No me la devuelvas, que no la quiero volver a ver”, me dijo. Me sorprendió esta frase tan radical, pero ahora la entiendo perfectamente. Una vez que salen de tu casa y has ganado espacio ya no quieres que vuelvan. Tras separar lo que me valía de lo que no, di las prendas más pequeñas a Laura, mi compi del blog, embarazada en aquel momento.

Pocos meses antes de dar a luz llegó “lo gordo”. Muchas cosas me han venido de perlas, como el trío, la minicuna, la hamaca, el cuco de playa, la bañera hinchable, el gimnasio, el esterilizador… pero ¿dónde las metía?  Cada vez que aparecía por la puerta con más cosas prestadas, mi chico se ponía malo. Y eso que algunas las llevaba de manera clandestina al trastero.

La gota que colmó el vaso fue la cuna de viaje, que pesa una tonelada y con la que llegó Laura un día por mi casa. “¿Para qué sirve esto?”, me preguntó con sarcasmo. Luego me advirtió: “Por favor, no cojas más cosas prestadas”. La teoría de Fede es que las madres estamos deseando deshacernos de estos cachivaches, pero como no queremos tirar nada, el préstamo es la mejor solución. Si no vuelven, mejor. Y así nos quedamos con la conciencia tranquila.

Después de la etapa logística llega la etapa textil. Ésta ya no acaba nunca, claro. Mi mayor proveedora es Laura, ya que Martina es tres meses y medio mayor que Olivia. La siguiente en la cadena de herencia es Marta, la hija de mi otra amiga Laura, que es cuatro meses más pequeña que la mía. Este intercambio es muy práctico, porque a la velocidad que crece la peque tendría que estar comprando cosas cada semana.

En este tráfico de bolsas también hay mercancía  “vintage”, que dice mucho del tiempo que las madres podemos guardar este tipo de prendas. En concreto, ahora estoy usando una toalla de cuando yo era pequeña y un arrullo de cuando mi marido era bebé. Mis primas Bellonas son las reinas de lo “vintage”, ya que me han prestado sábanas, sacos de silla y chaquetas de punto en muy buen estado.

Este fin de semana me he deshecho (con todo el cariño del mundo y mi agradecimiento a los prestamistas, sobre todo a mi cuñada Silvia y a mi prima Marta) del trío, del esterilizador, del cuco de playa, del gimnasio y de ¡dos bañeras! Con todo el espacio ganado, me ha quedado tan mono el trastero que he comprado unas cajas de plástico de colores para guardar más cosas, claro. Aunque puede que la mejor solución sea vender en eBay y pasar de la cadena de préstamos, ¿o no?

 

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