Un plan rural en Olmedo

 

A una hora y media de Madrid, en la Villa de Olmedo, famosa sobre todo por su caballero, al que dio vida literaria Lope de Vega, se encuentran Las Casas Cavas. Es un recinto compuesto por diez casas rurales de distintos tamaños (la más grande para 11 personas) ideal para pasar unos días con los peques.

Además del exquisito trato del personal y de lo bonitas que están decoradas las casas, el lugar ofrece mucha diversión para los niños. Lo más llamativo se ve nada más entrar: una estructura de madera que incluye casita, puente tibetano, tobogán, barra de bomberos y barriles movedizos. La casita por dentro está equipada con cocina, mesa, sofá, mantel, vajilla… A Olivia no había manera de sacarla de allí. En los jardines también hay un tobogán pequeñito de los de plástico y una mesita pequeñita. En sus planes está construir una tirolina.

La casita de madera y el puente tibetano

La cocinita de dentro de la casita es de Ikea

 

Esta era la entrada a nuestra casa, con un tobogán ideal para Olivia

También tienen animales, gallinas, gallos y un pavo real, al que le están buscando novia. Según nos contaron, tienen pensado comprar un corderito. Si vais en verano, también podéis disfrutar de la piscina.

El pavo real busca novia

En Las Casas Cavas el alojamiento incluye desayuno, aunque cada casa tiene una cocina (la nuestra era americana). También se puede reservar para cenar. Nosotros lo hicimos la noche del sábado, porque el propietario iba a preparar lechazo. Y no nos arrepentimos. Estaba espectacular.

En total tiene 10 casas, pero solo una con dos pisos

Visita obligada es el balneario de Olmedo. Por el Día del Padre regalé a mi chico un masaje de relax total del que disfrutó el sábado por la tarde. Una vez allí me dio envidia y reservé para el día siguiente un masaje “padres e hijos”. Al peque le dan un albornoz amarillo de su tamaño y un masaje relajante por todo el cuerpo. Para el adulto, el masaje es local. Por cierto, en la zona de spa también pueden entrar los niños, con horario restringido. Pero como no fuimos preparados para ello, lo dejaremos para otro fin de semana.

Después del masaje, habíamos reservado para comer, por recomendación de Laura, en el restaurante El caballero de Olmedo, justo enfrente del balneario. Excelente elección pues comimos un estupendo cochinillo, que Olivia probó por primera vez y le encantó. Además había tronas (la que usó Olivia era la de Stokke), y con las pinturas que le había llevado y sus muñecos habituales estuvo entrenida toda la comida.

En Olmedo lo más turístico es el parque temático del mudéjar, con maquetas de las obras más representativas de este arte en la región y el Palacio del Caballero de Olmedo. Al primero no fuimos porque llovía bastante y es al aire libre. Al segundo fuimos pero no lo recomiendo. Es una instalación con lo último en tecnología cuyo hilo conductor es el Siglo de Oro y Lope de Vega, pero el guión dejaba bastante que desear y los efectos de luces y sonido eran tremendos. Ya en la entrada dicen que a los niños les puede dar miedo. Menos mal que Olivia iba dormida.

Si queréis leer más sobre este destino en palabras de una niña de diez años entrad en el Blog de las Musarañas.

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