Cómo tener una niña deportista

 

Todavía es pronto para pensar qué deportes practicará Olivia, pero aunque no quiero imponer mis deseos a los suyos, reconozco que mi intención es llevarla por el mismo camino deportivo que he seguido yo. Creo que la práctica habitual de deportes es una parte importantísima de la educación de un niño, además de un sanísimo ejercicio. Siempre he pensado que es primordial iniciar a los hijos en deportes que puedas practicar con ellos (además de otros deportes que ellos mismos propongan, claro), para que cuando lleguen a esa temible etapa de la adolescencia podamos hacer actividades en común que nos gusten a todos. Por lo menos esto es lo que hemos “mamado” mi hermano y yo en nuestra familia.

Mis padres han sido dos personas muy activas y deportistas. No había fin de semana sin plan. Pasar un domingo en casa era bastante inusual porque hacíamos excursiones a la sierra, nos íbamos a esquiar o incluso ¡de capea!. Y siempre rodeados con amigos.

Siendo muy pequeñaja, a lo primero que me apuntaron fue a ballet, en la escuela de Rafael de Córdoba. No recuerdo mucho, salvo que terminábamos la clase haciendo el pino puente, cosa a la que no le veo mucho sentido ni en danza clásica ni en española.

Después de un par de años, cambié de disciplina y abracé la gimnasia rítmica, que ya fue una rutina dos veces en semana durante muchos años. Tras unos años en el polideportivo de la Plaza del Perú, me pasé al gimnasio Argüelles porque así coincidía con mi mejor amiga del cole, Laura. Lo que más me gustaba era la cinta y preparar coreografías. Llegamos a hacer exhibiciones e incluso a competir, pero nunca pasamos de amateur. (En la foto, soy la de verde)

Otros dos días de la semana entrenaba al baloncesto en el colegio y los sábados, partido. Cómo recuerdo el primero… madre mía, qué paliza nos dieron. Encima íbamos con unas camisetas naranjas y nos llamaban “butanitos”. Perdimos 66-6 contra el colegio Amorós. Luego con los años, mejoramos, aunque nunca llegamos a quedar primeras. Al principio, cuando éramos pequeñas, nos llevaban los padres en coche. Mi madre tenía un Talbot Horizon, que se tumbaban los asientos de atrás del todo y allí que nos metíamos unas cuantas. Ni sillas de seguridad ni cinturones ni ná. Y la pobre pasaba un frío en invierno viéndonos…

Aunque para frío, el que pasaba esquiando. Pensad que eran los años ochenta, que los equipos no eran tan buenos como los de ahora. Cuando notaba que mis minidedos comenzaban a congelarse, mi madre me quitaba el guante, me echaba su aliento y me metía mi mano en su axila. Nada mejor que una madre para estos casos.

Yo era tan minúscula que en el arrastre lo pasaba fatal porque muchas veces me levantaba de lo poco que pesaba… Un año nos fuimos a pasar una semana entera a Sierra Nevada, ¡faltando a clase! Fue una pasada, porque en esa época no existía la Semana Blanca ni nada parecido y casi ningún niño de mi clase sabía esquiar. Desde entonces tengo un cariño especial a esa estación, a la que más veces he ido en mi vida junto con Valdesquí, por motivos de cercanía, aunque del madrugón no nos librábamos.

Pero sin duda el deporte que más me gusta es el tenis. Aprendí también de pequeña. Muchos fines de semana mis padres jugaban con amigos o entre ellos. Al final de su partido, a mi hermano y a mí nos dejaban coger nuestra raquetita y practicar con ellos. Primero cerca de la red. Después, desde el fondo. Así, año tras año, hasta que ya podíamos jugar contra ellos, e incluso ganarlos.

Mi “carrera” tenística fue truncada por una lesión de espalda hace unos años. El traumatólogo me prohibió hacer deportes como tenis o golf porque me podría provocar una hernia de disco. Mi disgusto fue tal que salí llorando de la consulta y confieso que ya había cumplido la treintena. Desde entonces me limito a seguir el tenis desde la televisión (me trago todos los torneos que puedo, pero si tengo predilección por uno es Wimbledon, y me he llegado a levantar a las cinco y media de la mañana para ver a Nadal en Australia).

Desde que nació Olivia solo echo de menos una cosa de las que hacía antes: el deporte. Mi objetivo es encontrar tiempo y lugar para poder apuntarme a pádel, que es lo próximo que quiero probar en serio, si la espalda me lo permite.

¿Vosotros qué deportes practicáis con vuestros hijos?

 

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