¡Yo quiero una doula!

Mucha gente ha oído hablar de ellas, pero pocos saben realmente a qué se dedican las doulas. Muy sencillo: son mujeres, en su mayoría madres, que acompañan a otras mujeres durante el camino a la maternidad. Su labor consiste, fundamentalmente, en facilitar soporte (físico y emocional) durante el embarazo, el  parto y el post parto. Ahí es nada.

¿Y por qué os cuento esto ahora? Porque acaba de nacer un proyecto que me ha llamado la atención: Little Doula. Detrás de esta gran iniciativa está Helena Moreno, doula de profesión y experta en temas relacionados con el embarazo, el parto, la crianza y el cuidado del bebé en las primeras etapas de vida.

Muchas os preguntaréis qué beneficios tiene contar con una doula. Pues más de los que os imagináis: la duración del parto se acorta; se usa un 40% menos la oxitocina sintética; hay menos peticiones de epidural (al naturalizar mucho más el parto la mujer no sufre tanto y, por tanto, no la necesita); el número de cesáreas desciende considerablemente; baja el número de episotomías y la pareja vive el parto como una experiencia positiva (algo que no siempre es así, como ya sabemos). Y esto solo en el parto. Más abajo veremos qué nos aporta durante el post parto.

Según nos cuenta Helena, madre de un niño de dos años, “se ha podido demostrar que cuando las mujeres nos sentimos acompañadas y apoyadas durante el momento del parto, todo resulta más sencillo y nos encontramos con muchas menos intervenciones”. Y está en lo cierto: la revista médica New England Medical Journal publicó en los años 80 un estudio realizado en los 70 en un gran hospital público de Guatemala basado en un curioso experimento: aleatoriamente se asignaron mujeres a otras mujeres que habían sido madres, con experiencia en nacimientos, para que las atendieran durante su trabajo de parto, y otras fueron asignadas al personal sanitario (práctica habitual). Sorprendentemente constataron que las mujeres del primer grupo precisaron muchas menos intervenciones durante sus partos.

Cuando publicaron este estudio, que luego se replicó en Houston (Estados Unidos) con mujeres de escala social baja obteniendo los mismos resultados, sus impulsores no encontraban la palabra adecuada para designar a la mujer que acompaña al parto sin ser profesional, así que se decantaron por la palabra griega “doula” (esclava o sirviente en una gran casa), la mujer que, según parece, ayudaba a la señora durante los partos. “En la actualidad, se ha dado un giro al significado y lo usamos para referirnos a una mujer, generalmente mamá, que proporciona a otras futuras madres acompañamiento físico y emocional en el embarazo, parto y post parto”, matiza Helena.

Durante el embarazo, la doula apoya e informa a la futura madre sobre todo lo que tenga relación con el embarazo (alimentación, cosas que necesitará el bebé o hábitos saludables en este periodo), intentando resolver todas sus dudas. La doula visita en varias ocasiones a los futuros padres en su propio domicilio para saber cuáles son sus deseos y sus costumbres. “Lo normal es que surja una relación de confianza entre la doula y la mamá o los papás”, comenta Helena.

Durante el parto la doula procura que éste sea lo más llevadero posible, siempre ocupando un segundo plano. Apoya emocionalmente a los padres y físicamente a la madre (respiraciones, masajes y baños en agua templadita). “Tenemos que lograr la tranquilidad de la madre simplemente con nuestra presencia – explica Helena- y generar un clima de confianza en el que no hagan falta las palabras”.

Y aquí llega la parte que más me gusta: su labor durante el post parto. En este “maravilloso” periodo en el que tu cuerpo ha decidido vengarse de ti por los malos ratos que le has hecho pasar durante los últimos nueve meses ¿en qué te puede ayudar una doula? Helena nos lo explica: “Apoyamos a la agotada mamá, que en muchos momentos se siente insegura y cuyas hormonas mandan en sus pensamientos. También la ayudamos en la lactancia y en los cuidados del bebé, intentando que la madre tenga confianza en sí misma y en su instinto”. Está comprobado que la mayoría de las mujeres que cuentan con el apoyo y asesoramiento de una doula durante el post parto viven la lactancia como algo satisfactorio y no sufren depresiones durante este difícil periodo.

Los precios de los servicios que ofrece Little Doula oscilan entre 350 y 800 euros (embarazo, parto y post parto), lo que incluiría tres consultas (visitas a domicilio) en el embarazo y tres en el post parto. Después, cada consulta cuesta unos 50 euros. A partir de la semana 37 están disponibles las 24 horas para responder por teléfono a cualquier duda que le pudiera surgir a la futura madre y, por supuesto, por si se pone de parto. Lo bueno de este servicio es que, además, son flexibles. Me explico: si yo quisiera contratar a una doula solo para el post parto podría hacerlo sin necesidad de contratar “el paquete completo”.

Si me hubiese enterado antes ¡me la hubiera pedido para Reyes!

 

    • vanina
      17/12/13

      Nunca había oído hablar de este servicio, y me he quedado sorprendida. Seguramente a muchas mujeres les vendrá fenomenal, porque en ocasiones, toda ayuda es poco, cuando te sientes perdida, y te enfrentas a situaciones totalmente desconocidas, que en ocasiones, te desbordan.
      Espero que les vaya muy bien, en su proyecto!
      Un saludo

      PD: unas fotos , chulísimas,!!
      Un besin

        • Laura
          18/12/13

          Lo primero de todo: ¡¡ENHORABUENA, Natalia!! Cruz ya me dio la buena nueva. ¡Me alegro un montón! Y sí, tienes toda la razón, a veces nos “comemos” muchas cosas solas (sobre todo en el postparto, cuando no sé por qué a muchas nos da por ir de superwoman) y olvidamos que hay gente con experiencia y sensibilidad sobre estos temas que nos pueden hacer mucho bien. Helena, la doula de la que hablo en el post, es un ejemplo. ¡¡Un besazo enorme!!

    • Cristina
      18/12/13

      Es una gran elección tener una doula a tu lado.
      Gracias a Helena, las dudas desaperecen y los miedos se sobrellevan.
      Todo un acierto compartir esta maravillosa experiencia con una doula como Helena, que te ayuda a disfrutar del embarazo.
      Besos.

        • Laura
          18/12/13

          ¡Cuánto me alegra leer tu comentario, Cristina! La verdad es que, echando la vista atrás, pienso en la cantidad de veces que durante el embarazo me asaltaron dudas y temores; momentos en los que hubiera estado genial contar con la experiencia de doulas como Helena. Creo que cuando estás acompañada y bien guiada se disfruta mucho más de las cosas.

    • Carmen
      18/12/13

      Supongo que el apoyo de otra mujer en este período siempre es positivo pero sigo creyendo que el gran fallo está en que no estamos bien informadas del postparto. Estamos bien atendidas y cuidadas durante el embarazo (en algunos casos demasiado) y sin embargo, no se nos habla apenas del postparto, que es clave para que el bebé esté bien. Yo me encontré con un primer postparto horrible y un segundo infinitamente mejor gracias a que yo misma acudí al personal sanitario para obtener esa información. Por ejemplo, no sabía que existía el masaje perineal hasta que decidí buscar información sobre cómo evitar una episiotomía. Eso, y otras cosas, no se cuentan en las clases de preparación al parto. Seguro que lo de la doula está bien pero la información es gratis y no siempre es suficiente… http://nosoyunadramamama.com/2013/11/13/nadie-habla-del-postparto/

        • Laura
          18/12/13

          Sí, totalmente de acuerdo. En las clases de preparación al parto (yo solo me salté la de los anticonceptivos) apenas hablan del postparto que, en mi opinión, es la peor etapas de todas con diferencia. Es cierto que esta falta de información nos hace mucha falta pero también es verdad que las doulas no solo te proporcionan información, sino que también te acompañan y te hacen sentir más seguras, con más confianza en ti misma; es decir, van un poco más allá. Acabo de leer tu post y me he sentido muy identificada. Yo también tenía pavor a la episiotomía (le pregunté a una matrona del curso qué podía hacer y me aconsejó los ejercicios de Kegel con una pelota de pilates. Lo hice todos los días durante varios meses y mano de santo. Nada de cortecitos). ¡Un abrazo, Carmen!